Pollán, Jesús Fernández y el Hermano Tomás tienen algo más de esperanza

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León

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Son una parte importante y a la vez visible del balonmano leonés. Y también tres exponentes claros dentro de este deporte que apuestan por un Mundial en la ciudad. Ayer estuvieron presentes en el sorteo del Nacional juvenil de selecciones autonómicas donde se encontraron con el presidente de la Federación Española. Aunque ayer el turno era para el torneo nacional las palabras de Juan de Dios Romás referidas a la opción que se abre para León de ser sede de la cita mundialista sentaron más que bien al presidente del Reale ademar Jesús Pollán, al del León Balonmano (Cleba) Jesús Fernández de todo un emblema de ests deporte en la ciudad, el Hermano Tomás. Todos ellos consideraron necesario y justo que un campeonato de tanta significación no puede olvidarse de León y menos dada la tradición e importancia que en este deporte tienen y han tenido jugadores, entrenadores y clubes en el ámbito nacional.

Carlos Pollán volvía a recalcar ayer que la disputa del Mundial, en este caso de algunos partidos, vendría a reafirmar que león y balonmano van de la mano. El Hermano Tomás, que ha visto pasar tantos jugadores de primera fila y tantos equipos de campanillas por el Palacio de Deportes precisaba también que este escenario no debe sentirse menos habilitado que otros y que la ciudad tampoco que aparecen en la nómina de la Federación como una de las ocho sedes. Jesús Fernández era de la misma opinión porque, para los tres y todos las personas relacionadas con este deporte que ayer hicieron acto de presencia en el sorteo del Campeonato de España poder contar con selecciones de primera fila «serviría no sólo para premiar la trayectoria y labor de todos los que han aportado su grano de arena al balonmano leonés sino para que los aficionados pudieran ver de primera mano encuentros de una envergadura notoria».

Eso sí, tampoco nadie quiso hacerse demasiadas ilusiones y echar las campanas al vuelo. Hasta que la Federación no se pronuncia. Y hasta ahí pasarán cuatro o cinco meses en los que habrá que seguir trabajando para que la ilusión no se quede en agua de borrajas.

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