«Son vagos hasta para hacerse los porros»
«Grínder» para moler marihuana incautado a un chaval.
Es mediodía. Hay una mañana de noviembre especialmente soleada. Los parques se llenan. El problema es que es hora de clase y algunos de los que se ven tirados sobre la hierba son menores. La estampa no es insólita en este parque cercano al campus universitario. Dos agentes de la Unidad Paidos vestidos de calle irrumpen en el grupo y les piden que se identifiquen. Ya no están en edad de enseñanza obligatoria, menos uno que justifica su presencia porque no ha tenido las tres últimas horas de clase. Parece haber indicios suficientes para realizar un cacheo en ropa y mochilas, en el que uno de los agentes encuentran varios librillos de papel de liar, bolsas vacías con restos apreciables de marihuana y un «grínder» a pilas para moler los cogollos, algo que habitualmente se hace manualmente. «Si es que son vagos hasta para hacerse los porros», espeta el mismo agente que llama por teléfono a la madre del joven para advertirle que le han decomisado un instrumento vinculado al consumo de marihuana, algo que ella dijo desconocer. Una charla telefónica entre madre e hijo cerró la actuación policial. «Los padres son los primeros que lo agradecen, y no digamos cuando les llevas a su hijo o hija borracho a casa». Se da la circunstancia de que ha crecido de forma espectacular el número de comas etílicos entre los jóvenes de la capital. Han surgido nuevos centros de encuentro y se han extendido, incluso, hasta zonas deportivas como el campo de fútbol de La Granja, donde se han producido varias quejas por los vidrios rotos que dejan a conciencia los chavales del botellón. Abelló, Quevedo, La Palomera y el entorno de La Torre y Juan del Enzina son los puntos más vigilados por la unidad de Menores.