Eguiguren y González torpedean la estrategia de silencio de Rubalcaba
El presidente del PSE asegura que ETA anunciará su final en la próxima Navidad
Eguiguren, en el centro, con el secretario de Organización del PSE y el líder en Vizcaya.
La estrategia antiterrorista del Gobierno no sólo tiene que hacer frente a las presiones externas. El problema más corrosivo viene de dentro. En apenas dos días, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, se ha tenido que enfrentar con las declaraciones de dos elementos incontrolados del PSOE, el ex presidente del Gobierno, Felipe González, y el presidente del PSE, Jesús Eguiguren. La preocupación de los socialistas está, sin embargo, más en el roto que causa Eguiguren cada vez que habla de las posibilidades de Batasuna de concurrir a las próximas elecciones que en lo que puedan remover las palabras de González, a las que los socialistas dan menos recorrido. Y eso que, tanto desde el PP, como desde el PNV e incluso desde la llamada izquierda aberzale, se han interpretado sus palabras como la demostración de que él fue siempre la X de los GAL, es decir, el responsable último del terrorismo de Estado contra ETA.
La escasa reacción en las filas socialistas a la revelación de que tuvo en sus manos la posibilidad de volar a la cúpula de la organización criminal, no lo hizo y aún tiene dudas de si acertó, fue rocosa. El secretario de Organización del partido, Marcelino Iglesias, trató de zanjar el asunto con una frase rotunda: «cuando tuvo dudas, la respuesta que dio fue totalmente coherente con la ley». También se refirió a González como «un hombre de Estado» al que se respeta «de un modo muy especial» en el PSOE. E incluso llegó a ironizar sobre la reacción de la oposición. «Sabemos que cada vez que habla en el PSOE se ponen muy nerviosos, pero 14 años después, creo que ya no debería ocurrirles», dijo.
A esto último se aferran los socialistas. Las palabras del ex presidente apenas fue objeto de comentario entre los miembros de la dirección federal del partido, según las fuentes consultadas, pero puertas afuera lo más oído es que Felipe «se comenta solo» y que «va por libre», pero que todo el mundo lo vincula al «pasado» y que sus cometarios tienen casi carácter «histórico» y por lo tanto no «mueven conciencias», es decir, que hoy no hay más españoles que crean que fue el responsable de los GAL de los que había ayer.
Algo similar apuntó el ministro del Interior, desde Bruselas. «Suelo leer las declaraciones que hace, me las leo con interés y siempre provocan el mismo tipo de reacción; a Felipe, hay gente que le odia y que, pase lo que pase y diga que le diga, le salta al cuello y gente que le quiere, y yo estoy en estos segundos», señaló.
Fuego amigo. Con todo, incluso entre los felipistas de 'pro' hay quien admite que las revelaciones de quien fuera jefe del Gobierno durante doce años son una «metedura de pata». Y en el entorno del propio Rubalcaba no dudan en calificar sus palabras y las de Jesús Eguiguren como «fuego amigo», aunque disculpan la fala de oportunidad porque, en su caso, la entrevista era de nevera (fue realizada hace un par de meses cuando el debate sobre la lucha antiterrorista no estaba en el punto de mira). En cambio, el presidente del PSE sabía que provocaría el malestar del vicepresidente primero cuando se lanzó a vaticinar en la Sexta que ETA anunciará su fin en Navidad.
El enfado con el dirigente vasco se quedó también, pese a todo, en agua de borrajas. El secretario de Organización se limitó apuntar, una vez más, que la visión de Eguiguren es mucho más «optimista» que la que mantiene el grueso del PSOE.