El ministro describe al colectivo como 'aprovechados'
En sus tres intervenciones, el ministro de Fomento, José Blanco, hizo un retrato agrio de los controladores, a los que describió, sin recurrir al adjetivo, como un colectivo de aprovechados. Un detalle: según su versión, cuando este verano se requirió la intervención de los servicios de inspección médica para comprobar la veracidad de las bajas -algunos días, dijo, llegaron al 31% en Barcelona o al 57% en Alicante- se demostró que siete de cada diez eran «injustificadas».
Antes del decreto del 3 de diciembre, y conforme a una ley del 2003, los controladores podían abstenerse de trabajar si entendían que no estaban en condiciones de hacerlo, a fin de no perjudicar la seguridad. Muchos alegaron en la crisis de agosto, como en la de la hace semana y media, cuadros de estrés y ansiedad. Dos males a los que, según Blanco, este colectivo debería ser inmune porque es «incompatible» con las pruebas psicofísicas que están obligados a pasar.
Conforme a su testimonio, todo se debió a una «estrategia planificada» de «sabotaje». Fue, según él, un «chantaje en toda regla» que requiere una respuesta unánime.