Un vecino de Villarrín del Páramo se trae de Sant Feliú un décimo del Gordo
Rosendo Rodríguez posa con el décimo premiado que le solucionará su economía.
Había una vez un carretillero de empresa, nacido en Villarrín del Páramo, que se fue a trabajar a Catalunya. A la vuelta de unas vacaciones, echó mano a la cartera una mañana y comprobó que le habían parido 300.000 euros por jugar 20 a la lotería. Y colorín colorado, la versión bonita de los Cuentos de Navidad, no hizo más que empezar. Porque en la localidad no se habló de otra cosa en el día del tradicional sorteo. «Que no se pongan tontos, que como se pasen un poco, compro el pueblo y los echo a todos».
Rosendo Rodríguez González ronda medio siglo de vida. Pero desde ayer es un poco más feliz. «Estaba en el paro, la verdad es que estaba la cosa complicada. Yo me dedicaba al tema de los carretillos de las empresas, para los palets, la producción y todo eso. Pero se había puesto la cosa muy difícil y mira... Para salir un poco del paso, tendremos».
No es la primera vez que le toca la lotería. «Hace dos años me cayeron 5.000 euros y de aquella me parecía que no era mucho. Pero ahora... ¡mira, está saliendo en la tele el niño que ha cantado el gordo de mi premio, el de los pelos de punta!!! ¡Es más guapo!!!! ¡Pero qué rico es!!!». Así que con lo que antes eran 50 millones de pesetas, Rosendo se propone ayudar a sus hijos, un varón y una mujer de 26 y 24 años de edad».
Capital del Baix Llobregat, Sant Feliú dista apenas 12 kilómetros de Barcelona. Allí fija su residencia habitual Rosendo. Ayer había 43.754 habitantes censados en la comarca. En el Ayuntamiento de Urdiales del Páramo, al que pertenece oficialmente Villarrín del Páramo, se contabilizaban 565 en los datos públicos del INE.
«Compré el décimo en el Bar Maldonado, este que lleva saliendo en la tele toda la mañana y nos vinimos de vacaciones. Hombre, quien más y quien menos tiene la esperanza de que le pueda tocar algo, pero que te caiga el gordo...»
«Joooose, Joooose, Joooose» cantaban los vecinos y parroquianos del bar catalán, en agradecimiento a su propietario. A partir de ahora, Maldonado y su familia comerán «cada día arroz con bogavantes», ha asegurado, rodeado de vecinos, amigos y conocidos premiados, muchos de ellos personas jóvenes.
«Para tapar agujeros», «comprar una casa», «lo celebraremos mucho y con ganas» y «ayudaré a mis hijos», fueron los comentarios de los vecinos afortunados. A 1.000 kilómetros de distancia, la película fue otra diferente.
Y así cuenta el suspense de película en que se convirtió descubrir su nueva vida. «Acababa de levantarme de la cama, porque no tenía nada que hacer. Y justo en ese momento estaba saliendo el gordo. Tiene tela porque lo primero que me ha puesto contento es darme cuenta de que había ganado una cesta de Navidad de unas rifas que jugaba que también habían terminado en 50. Luego cuando he visto que era un 250, he pensado: -˜Bueno, ya cayó algo por lo menos-™ Y luego se ha liado todo un poco y hasta que no he puesto el teletexto, que es cuando me he dado cuenta de que tenía el gordo».
Por el momento, ni bancos ni inversores se han puesto en contacto con él para tratar de hacer el agosto en diciembre: «Hombre, aquí en Villarrín no hay demasiadas cosas tampoco... Yo lo que quiero es ayudar a los hijos. Pero no me preguntes ahora cuánto les voy a dar, porque no lo sé.
50 kilos en el bolsillo. Para las fotos, fiel al estilo campechano que le adorna, resulta natural a más no poder. «¿El décimo? Sí, aquí lo tengo». Y del bolsillo de la camisa saca 50 millones de pesetas en forma de billete premiado de lotería. Como quien lleva el ticket de la carnicería. Lo mismo.
En la hora de la despedida, la globalización toma cuerpo. «Adeu», suelta el vecino más lustroso de Villarrín del Páramo. Con 300.000 en la cartera, también podría despedirse en sánscrito.