Diario de León

«Seguro que lo han tirado»

La autopsia del cadáver y dos frenazos, entre las claves para resolver el suceso

Voluntarios descansando ayer en el cruce de la CL-530.

Voluntarios descansando ayer en el cruce de la CL-530.

Carlos Fidalgo
Ponferrada

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«Estoy seguro de que alguien lo ha tirado», decía anoche uno de los jóvenes que descubrieron el cuerpo de Miguel A. Díaz, Mitch para sus amigos, al pie de las compuertas del pantano de Bárcena. Dos frenazos en la carretera de los Muelles y la autopsia al cadáver tendrán la clave para saber si el amigo del fallecido, que ya ha declarado en la Comisaría de Policía y que prefiere que no trascienda su identidad tampoco se equivoca al aventurar una hipótesis sobre lo que le ha podido suceder a Miguel A. Díaz.

La Subdelegación del Gobierno se mostró ayer prudente y no se atrevió a adelantar ninguna explicación sobre las razones por las que el cuerpo del fallecido -"que buscaron insistentemente sus amigos durante la madrugada y que llegó a movilizar a un helicóptero de la Guardia Civil y a una unidad canina que no llegó a intervenir-" acabó apareciendo tan lejos del lugar del supuesto accidente.

El mismo grupo de amigos que descubrió el cuerpo se encargó de señalar a los agentes que investigan el caso las huellas de frenadas de dos automóviles en la carretera de Los Muelles. Las puertas del automóvil que conducía el fallecido, que está a nombre de su madre, también estaban cerradas, según relataron las mismas fuentes, y los cristales de las ventanillas aparecieron rotos, lo que unido a la corpulencia del joven, de más de 1,80 metros de altura y en torno a los cien kilos de peso, abre la posibilidad de Miguel A. Díaz saliera por su propio pie del automóvil después de salirse de la carretera. «Yo lo creo así», decía el mismo joven que descubrió el cadáver. «Sacarlo del coche sin abrir las puertas y subirlo por el terraplén a la carretera sería muy difícil. Harían falta dos o tres personas para levantarlo», afirma.

El fallecido vivía con su madre en Ponferrada y los que le conocen aseguran que solía avisarla si iba a llegar tarde a casa. Lo último que se supo de Miguel A. Díaz es que sobre las 4.30 horas habló por el teléfono móvil con un amigo y le dijo que se encontraba en la Gran Manzana, no lejos del lugar donde se salió su coche de la carretera cuando circulaba en dirección a Camponaraya, y que se estaba quedando sin batería. Su teléfono no dio señal cuando su madre trató de localizarle al día siguiente.

Un conductor que circulaba por la zona alertó sobre la presencia del coche volcado sobre las 13.00 horas. Las asistencias, no hallaron ningún cuerpo. Ni siquiera rastros de sangre, y a media tarde, comenzaba la búsqueda en serio, que se prolongó hasta entrada la madrugada, con decenas de voluntarios desafiando a las bajas temperaturas y temiendo que el joven hubiera sufrido algún desvanecimiento después de abandonar desorientado el lugar del accidente.

No era así. Treinta y dos horas después, a la espera de que se presentara en la zona una unidad canina de la Guardia Civil procedente de Valladolid, y cuando un helicóptero del instituto armado ya se había sumado al dispositivo desde León, la corazonada de un grupo de amigos permitía encontrar su cuerpo caído junto a las compuertas de la presa del pantano de Bárcena

Los resultados de la autopisa que se le practicará al cuerpo en el Instituto Anatómico Forense de Ponferrada serán ahora claves para determinar las causas del fallecimiento y orientar a los investigadores.

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