Cambiar de opinión como virtud
No es la primera vez que lo dice en el Congreso pero tras la polémica por la posición del Gobierno sobre las nucleares, el hecho de que Zapatero haya reconocido ante el pleno que cambia de criterio según las circunstancias ha adquirido mayor significado. Acostumbra Rajoy a acusar a Zapatero de cambiar continuamente de opinión, y ayer lo volvió a hacer en la sesión de control. Para demostrarlo, relató sus «contradicciones» en materias como la reforma laboral, el cheque-bebé, las pensiones o las ayudas a parados, para detenerse, finalmente, en las nucleares. «En materia de nucleares ya no sé dónde estamos, porque ha dicho usted una cosa, la contraria, y la contraria de una cosa y la contraria», le afeó Rajoy, convencido de que con tanto ir y venir piensa que Zapatero ya «no tiene arreglo posible».
Su relato le ha parecido al presidente más propio de un «cronista de hechos» que de un líder político; tras decírselo, ha reconocido que en política «se puede cambiar de criterio», algo que sin embargo no ha presentado como defecto, sino más bien como una virtud. A su juicio, «lo que es bastante insólito es que nunca se tenga criterio», reprochó a Rajoy, al que regaló una clase de física aplicada: «La economía no permanece quieta, a diferencia de algún líder político, que sólo sabe estar quieto y no hacer nada».
Tras este «cara a cara» tocaba el debate entre la portavoz del PP, Soraya Sáenz de Santamaría, y el vicepresidente Rubalcaba, que tampoco se libró ayer de una pregunta sobre el caso Faisán, formulada, cómo no, por el incansable Ignacio Gil Lázaro. Rubalcaba ha contado otras cosas, pero a las preguntas concretas que le formularon ambos diputados del PP no respondió.
Sáenz de Santamaría le exigía medidas de apoyo a las autónomos -”con pullas incluidas por los ERE andaluces-” y Rubalcaba optó por la conocida táctica del ataque como mejor defensa y recurrió al Gürtel.