Margarita Marqués | INVESTIGADORA DEL INSTITUTO DE DESARROLLO GANADERO DE LEÓN

«Ser investigadora es una carrera de fondo muy dura»

Publicado por
Nuria González | San Andrés
León

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Margarita Marqués se considera una «privilegiada» porque ha logrado volver a la universidad de la que un día partió, y dónde compagina sus tareas docentes, en las titulaciones de Veterinaria y Biotecnología, con las investigadoras en el Instituto de Desarrollo Ganadero dónde está en el grupo de Carmen Marín. A la dificultad de la carrera científica se une que son muy pocas mujeres las que han llegado lejos. Esta leonesa de sólo 40 años estudió la licenciatura de Veterinaria en la Universidad de León, entre los años 1989 y 1994, carrera por la que recibió el premio extraordinario fin de carrera. Después continuó su formación con el doctorado. Concluyó la tesis doctoral que concluyó en 1999 con la calificación de sobresaliente cum laude y cuyos supervisores fueron los profesores Fermín San Primitivo y Angel Alonso. Comenzaba entonces un largo camino para afianzar su trayectoria como científica, algo que asegura es «muy vocacional». Sus primeras experiencias pasaron por el Instituto de Ciencias Biomédicas del CSIC y por el Centro Alemán del Cáncer (Heidelberg) aunque, tras recibir el título de doctora, optó por el Instituto Roslin (Edimburgo, Escocia), dónde estuvo dos años. Un centro famoso por sus investigaciones y avances en la clonación y por la oveja Dolly. Marqués fue la primera mujer que recibió la beca de investigación financiada por la Unesco y L´Oreal y también logró la beca Marie Curie. En el año 2002, el Gobierno español puso en marcha el programa Ramón y Cajal, cuyo objetivo es financiar contratos durante cinco años para incentivar el regreso de cerebros fugados. En la primera convocatoria, esta joven leonesa logró regresar a su universidad, gracias —insiste— al apoyo de su «padre científico» (su director de tesis). Reconoce que tuvo «mucha suerte», ya que quería volver por razones personales y por circunstancias familiares. En mayo del 2009 la ULE crea su plaza y logra así estabilizarse en el departamento de Producción Animal. Después de este periplo tiene claro que marchar fuera de León «es necesario desde el punto de vista de la formación», algo que recomienda a las personas que hagan el doctorado. «Es importante, no sólo adquirir una formación de prestigio, sino también interaccionar con gente de otros lugares», resalta, al mismo tiempo que reconoce que de no haber surgido la oportunidad con el programa Ramón y Cajal se había quedado en Escocia más tiempo. Oportunidades que tienen pocos investigadores porque cada año son menos los contratos que financian las administraciones públicas y menos en la situación actual. «El sistema estatal de investigación es el que hay que fortalecer», indica, al tiempo que agradece a la Universidad de León la «apuesta» que hace porque vuelvan los que se han marchado «dentro de sus posibilidades». Deja claro que, hoy en día, ser investigador «es una carrera de fondo», pero no duda en afirmar que lo volvería a hacer: «Hago lo que me gusta». Una afirmación rotunda porque es consciente de que pocos son elegidos. Considera que son muchas las cosas que el sistema aún tiene que corregir. «Los esfuerzos tienen que venir acompañados de una financiación potente», recalca esta leonesa orgullosa de haber elegido la ciencia como su trabajo. Anima a los jóvenes a que tomen este camino tan importante para la sociedad actual.

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