EL PANORAMA NACIONAL

Los pesos pesados agitan el PSOE para sustituir a Zapatero sin esperar al 2012

Patxi López pide un congreso extraordinario y otros barones secundan la propuesta

Patxi López compareció ayer en Bilbao para analizar los resultados electorales.

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paula de las heras | madrid
León

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La guerra está en marcha. Y ha estallado mucho antes de lo que se preveía. Los barones afines a Alfredo Pérez Rubalcaba dieron ayer un paso al frente para pedir la celebración de un congreso extraordinario del PSOE, lo que implicaría la elección de un nuevo secretario general y de una nueva ejecutiva federal. No es lo que planteó el lunes José Luis Rodríguez Zapatero en su primera reunión con la dirección del partido tras la contundente derrota en las elecciones autonómicas y municipales. Pero parece imparable.

El primero en mover ficha fue el secretario de los socialistas vascos, Patxi López. Tras una reunión de la ejecutiva de su partido, defendió que «la respuesta a lo sucedido el domingo no pueden ser solo unas primarias sin proyecto». Sin embargo, fuentes del partido aseguran que la suya no es una opinión aislada y que ya hay varios líderes territoriales dispuestos a respaldarla, entre ellos, el extremeño Guillermo Fernández Vara, el valenciano Jorge Alarte y el navarro Roberto Jiménez.

Los socialistas vascos aseguran que tras su propuesta no hay intenciones conspirativas, pero los miembros de la dirección del PSOE partidarios de una candidatura alternativa a la de Rubalcaba están convencidos de que se trata de una maniobra para cerrar el paso a la ministra de Defensa, Carme Chacón.

«No es una propuesta inocente; es una forma estatutaria de impedir las primarias e implica una censura a la ejecutiva federal y a Zapatero», sostiene uno de los partidarios de la catalana. Pero no sólo los chaconianos lo ven así. Fuentes cercanas al jefe del Ejecutivo sostienen que, de este modo, Rubalcaba se «blinda» con vistas al 2012.

En un congreso no vota toda la militancia, sólo los delegados elegidos por las federaciones; lo que a priori aminora el componente impredecible que tiene toda elección democrática. «Creen que esta fórmula les permitirá controlar mejor el partido», remarca otro dirigente que ve con recelo la idea del congreso extraordinario y apunta, claro, a Rubalcaba y al vicesecretario del PSOE, José Blanco.

Lo cierto es que los partidarios de Chacón siempre han defendido que no había que celebrar un debate sobre personas sino sobre proyectos. Y algo así planteó el lendakari, Patxi López. «Primero hay que decidir qué queremos ofrecer y luego decidir quién abandera el programa», planteó. Este análisis, que en cierta medida compartieron varios miembros del grupo parlamentario socialista en la reunión de ayer por la mañana, no termina de casar, sin embargo, con un congreso extraordinario. Porque, según fuentes de la ejecutiva, a diferencia de lo que ocurre en los congresos ordinarios, no se vota una ponencia de estatutos, ni una ponencia marco ni hay discusión programática. Simplemente, se elige a la cúpula. El requisito previo es, pues, la dimisión de Zapatero y de toda su ejecutiva. Eso será lo que decidirá el Comité Federal del sábado y, si sale adelante, en 40 días el PSOE celebrará su XXXVIII Congreso.

Era de sobras conocido que, tras el batacazo del domingo, un importante grupo de dirigentes había empezado a defender la idea de que lo último que convenía al partido era enzarzarse en una batalla de primarias. Arreciaron así las presiones a Chacón para que desistiera de presentarse. Pero fueron en vano.

Ahora el órdago contra la ministra de Defensa es aún mayor. Pero no está escrito que Rubalcaba lo vaya a tener más fácil en un congreso. En el 2000 la jugada no le salió bien. Él apostaba por José Bono e incluso trató de convencer al joven y desconocido Zapatero de que se retirara. No lo logró. Y, pese a tener de su lado, como ahora, toda la fuerza del aparato, perdió.

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Cabe remarcar que en la reunión del grupo parlamentario hubo ayer una idea compartida sobre la debacle electoral: «la respuesta está en la izquierda». Y la izquierda, no es lo que simboliza Rubalcaba.