Un noviazgo de siete meses de negociaciones que acabaron en boda
28 de enero de 2011. El Consejo de Ministros, asfixiado por los mercados financieros internacionales, entiende que es hora de acelerar y acabar de una vez con el proceso de reestructuración del sistema financiero nacional y cambia de un plumazo toda la normativa sobre la materia. Extrema las exigencias de solvencia a las entidades y genera un terremoto en los planes de una entidad como Caja España-Duero, que apenas llevaba seis meses funcionando y que había presentado al Banco de España una estrategia de crecimiento muy bien valorado. Se inicia en ese momento una carrera por buscar un socio que evite una nacionalización encubierta y permita a la entidad mantenerse como una caja de ahorros.
Poco después, se inician los primeros contactos con Unicaja. DIARIO DE LEÓN lo desvela en exclusiva el 12 de febrero.
En el camino se quedó también una negociación con el grupo Mare Nostrum, (Caja Granada, Caja Murcia, Caixa Penedés y Sa Nostra, rota oficialmente el 15 de marzo de este año, cuando lo comunicaron a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CMNV).
Días antes, el 10 de marzo, el Banco de España había puesto cifras a las necesidades de capital de Caja España-Duero para lograr los ratios de solvencia marcados por el Ministerio de Economía. En concreto, necesitaba 463 millones de euros y pedía de forma inmediata a las entidades una ‘hoja de ruta’ que debería concluir el 30 de septiembre. Poco después, el presidente de la entidad, Evaristo del Canto, presenta sus planes a los miembros del Consejo de Administración que pasan, necesariamente, por la constitución de un banco al que segregar todos los activos de la entidad. Ese sería el instrumento para las operaciones posteriores.
En ese momento, se dibujan dos posibles caminos: una fusión con Unicaja, la opción más deseada por los integrantes de los órganos de la entidad, o continuar una trayectoria en solitario que pasaba necesariamente por solicitar ayudas al nuevo Fondo de Reestructuración y Ordenación Bancario. Al final, triunfó la primera.