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León

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En los inicios de la crisis se debatía si el «modelo» acabaría con una salida en V (fuerte caída e inmediato repunte) o en U (caída, periodo de vacas flacas y repunte final). A estas alturas, el «modelo» de crisis, también inmobiliaria, parece instalado en una inquietante L: a la caída le sigue un tiempo sin recpueración, y lo peor es que los datos no invitan al optimismo.

El problema, en el caso de la vivienda, no es que no haya necesidades ni compradores. Es que el sector se ve afectado también por lo que se está convirtiendo en el meollo a pie de calle de esta larga situación: crisis de confianza, y sobre todo temor por el empleo.

A finales del año pasado se vivió un repunte de las ventas espoleado por el final de la desgravación fiscal por la compra, pero la situación ha vuelto por sus fueros en cuanto el aliciente ha desaparecido. Hay quien espera a que los precios caigan más. El sector asegura que han llegado a su límite. ¿Y el sector financiero? Es la gran agencia inmobiliaria del momento. De su decisión para deshacerse de esta carga depende en gran medida la evolución del mercado.

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