Manuel Tascón Martínez maestro de prisiones desde 1967

«A la mayoría, mejor que enseñar gramática, les tienes que escuchar»

Durante 44 años ha sacado del patio a narcotraficantes, terroristas, violadores, delincuentes comunes. Cuando empezó, los reos llevaban uniforme y abundaba el analfabetismo. Con los años, este leonés del Porma revolucionaría el tratamiento penitenciario con un modelo de formación ocupacional pionero. El maestro se jubila.

Manuel Tascón posa en el aula de la que se despide tras una larga trayectoria profesional en los dos centros penitenciarios que ha tenido León.

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M. Romero | león
León

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En los años 60, cuando un joven universitario acababa la carrera de Magisterio lo lógico es que encontrase trabajo en un pueblo remoto. Pero el «primer e inesperado destino» que le abordó a Manuel fue la cárcel de León. «Había una campaña de alfabetización en las zonas rurales porque la mayor parte de los chavales no estaban escolarizados y a los maestros jóvenes era lo que nos tocaba». Conocía de alguno que le había tocado en Ancares, en un pueblo sin luz y probablemente sin agua corriente, así que no se lo pensó dos veces cuando le surgió su primera misión como maestro. «Porque siempre he firmado con el epígrafe de maestro, nada de profesor», matiza el ahora flamante jubilado.

Confiesa que las clases, en tiempos, «eran difíciles». «Los presos iban con uniformes, no de rayas, pero uniformes al fin y al cabo. Cuando decía que trabajaba de maestro en la prisión, la gente se pensaba que daba clase con un hombre armado vigilando, pero nada de eso».

Por sus clases han pasado delincuentes de lo más diverso, pero asegura que siempre se ha encontrado «con gente buena».

Sólo necesitó dos años de trabajo en la cárcel para saber que era lo que quería hacer en el futuro. Preparó oposiciones y desde entonces su actividad en los dos centros penitenciarios que ha tenido León en este tiempo no ha cesado. Uno de los mayores aciertos de su carrera, tal y como admiten los maestros actuales de la prisión, fue el taller ocupacional que creó poco a poco con la implicación de los internos. «Fuimos haciendo pequeñas cosas sin apoyo económico y al final derivó en un taller de material didáctico». Allí hacían juguetes de madera y otros artículos de carpintería que después vendían a los colegios y guarderías de la provincia. «No existía eso en el mercado y funcionó muchos años». La idea surgió de una visita a las instalaciones de Cosamai, centro ocupacional de Astorga para personas con discapacidad intelectual que ya desarrollaba en aquel momento un taller de similares características. «Consiguió que los internos autogestionaran el taller con una responsabilidad tremenda. No era el taller de madera, sino el de Manolo», comenta uno de sus compañeros.

En el 67, la prisión de León tenía dos maestros. Durante años fue el único centro de España de alfabetización, al que llegaban reos de diferentes partes del país. «Estaban un tiempo, hacían un examen, conseguían el certificado y volvían a sus prisiones», recuerda. Su experiencia le dice que el analfabetismo está muchas veces ligado a problemas mentales y más si las personas proceden de ambientes marginales. «Así se fueron acumulando en León muchos internos a los que después se les hacían actividades para adquirir hábitos, modos de comportarse y estimularles un poco en general». «Me dediqué más a eso —refiriéndose al taller que emprendió con estos internos— que a enseñar geografía», admite. Hasta que hace doce años se realizó el traslado de presos desde la cárcel de León capital a la nueva de Mansilla de las Mulas y volvió a la «rutina clásica de las clases de lengua, gramática...».

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«Cuando empiezas —afirma el maestro que ahora se jubila— siempre crees que te vas a comer el mundo y me decía a mí mismo que a todos esos alumnos les iba a enseñar yo, pero la realidad es otra con el paso de los años». Defiende, no obstante, que «los estudiantes están más quemados en las escuelas que en la cárcel porque aquí vienen voluntarios; saben que la otra opción es no venir y hacer patio». Si de algo presume Manuel es de adaptarse «lo mejor posible a las condiciones del entorno». Por eso, afirma, «a la mayoría, mejor que enseñar gramática, les tienes que escuchar».