El PSOE ahonda en la autocrítica para hacer frente a su déficit de credibilidad
Los socialistas cargan sobre Zapatero las decisiones más polémicas del mandato.

Marcelino Iglesias, junto a Rubalcaba, en un acto celebrado ayer en Zaragoza.
«¿Todo lo que propongamos debe ser automáticamente puesto en cuestión porque el candidato no lo impulsó cuando estaba en el Gobierno?». La pregunta, formulada con tono de frustración por uno de los responsables de la campaña de Alfredo Pérez Rubalcaba para las elecciones del 20 de noviembre, atormenta desde hace semanas a los socialistas. La respuesta, a tenor de las encuestas, es un rotundo ‘sí’. Ahora el PSOE entona el ‘mea culpa’ en un intento de contrarrestar su evidente problema de credibilidad y carga sobre la espalda de José Luis Rodríguez Zapatero las decisiones más polémicas de la legislatura.
Ni siquiera uno de los mayores ‘zapateristas’, el fiel vicesecretario del partido y ministro de Fomento, José Blanco, se mantiene al margen de la estrategia. Como Cristina Narbona, exministra y coordinadora de la ponencia que servirá de base al programa electoral, defendió ayer que el Ejecutivo debería haber pedido un esfuerzo fiscal a los más ricos antes de tomar una decisión tan drástica como la de congelar las pensiones en mayo del 2010.
La extitular de Medio Ambiente, entrevistada en Punto Radio, fue aún más allá que el número dos del partido. «Rubalcaba habría llevado a cabo un cambio en la fiscalidad que habría permitido no llevar a cabo esa medida», argumentó.
Lo cierto es que ni el exvicepresidente primero, en aquella época ministro del Interior, ni nadie en el Gobierno ni en el PSOE, salvo muy contadas excepciones, levantaron la voz contra aquel draconiano ajuste del gasto que también afectó a los sueldos de los funcionarios y a las inversiones en infraestructuras.
En la Conferencia Política del PSOE el pasado fin de semana, Zapatero reivindicó sus políticas e hizo un ejercicio de autojustificación que tiene difícil encaje en este tiempo electoral. «El futuro —pronosticó— dirá que gracias a las difíciles decisiones evitamos una situación muy grave para España».
Perdón. No es sacar pecho lo que exige el momento sino golpearlo con el puño y pedir perdón. Eso sostienen al menos los socialistas en el texto aprobado en el cónclave. El mensaje que desea transmitir el PSOE es que ha aprendido de sus errores y merece una nueva oportunidad porque la alternativa no es otro gobierno de izquierda sino uno de la derecha que está dispuesto a dilapidar sin miramientos el estado del bienestar. Así se explica también que Rubalcaba pusiera en cuestión las bondades de una reducción del déficit tan rápida como la acordada en Bruselas hace ya dos años y que obliga a España a cerrar este ejercicio con un 6% de balance negativo, es decir, 3,2 puntos menos que el año anterior. El objetivo para el 2012 es que el desfase entre gastos e ingresos no supere el 4,4%, y el FMI ya vaticina que no se cumplirá gobierne quien gobierne. El candidato socialista insistió ayer en que él no dijo nada de que no se deban cumplir esos compromisos sino que hizo una reflexión sobre si el ritmo de ahorro en el que se ha embarcado la UE no estará asfixiando las posibilidades de crecimiento.