Espías que se enteran por el BOE y la primera bronca a Rajoy
Las ceremonias de traspaso de poderes suelen deparar situaciones curiosas, pero la de ayer destapó una sorpresa monumental a la par que preocupante. Los servicios de inteligencia, el CNI, se enteraron de que dejaban de estar adscritos al Ministerio de Defensa para pasar a Presidencia por el Boletín Oficial del Estado. Tan hermético y desconfiado es Rajoy y discreto su entorno que los espías no fueron capaces de detectar con antelación quién iba a ser su nuevo jefe.
El presidente del Gobierno, a su vez, también comprobó desde su primer día alguna de las servidumbres del cargo. Como candidato del PP demostró ser alérgico a los medios de comunicación o a comparecer ante ellos ya que sus conferencias de prensa durante la campaña se pudieron contar con los dedos de una mano. Los medios lamentaron y criticaron ese comportaiento, pero con resignación porque, al fin y al cabo, ese silencio era una potestad del líder del PP. Pero una vez ungido presidente del Gobierno ese mutismo afecta al interés general.
Todo esto viene a cuenta de que Rajoy cuando leyó el miércoles la relación de sus ministros no admitió preguntas posteriores. Mejor dicho, aceptó una técnica y como el contenido de la misma ni fue de su agrado, dio las gracias y se dio media vuelta.
Nervios. Por lo demás, los actos de traspaso de carteras evidenciaron los nervios de siempre entre los ministros entrantes y el alivio de los salientes. Parece mentira los anhelos y angustias de algunos por hacerse con el maletín y el alivio con que lo sueltan. Hubo quien lo recibió hasta tres veces, Luis de Guindos como titular de Economía y Competitividad realizó un triple intercambio por la acumulación de competencias en su departamento. Tuvo foto con Cristina Garmendia, por las competencias de innovación y desarrollo empresarial; con Miguel Sebastián, por las de comercio, y con Elena Salgado, por el grueso del Ministerio. También alguno pensó que había entrado en el túnel
La ceremonia más abigarrada fue la de Interior. Arroparon a Jorge Fernández Díaz personajes de todo color y pelaje, desde el arzobispo general castrense, Juan del Río, nunca se había visto tan alta magistratura católica en el palacete del paseo de la Castellana. Los nervios afloraron en casi todas las ceremonias, pero fueron muy patentes en Asuntos Exteriores, donde José Manuel García-Margallo se apropió de la cartera antes de que leyeran el decreto con su nombramiento.