Mil ‘cobayas humanas’ en León
Los hospitales de León y el Bierzo tienen cientos de pacientes que participan voluntariamente en 66 ensayos clínicos y ocho proyectos de investigación de élite en salud.

Sala del Complejo Asistencial Universitario de León donde se conservan miles de folios de todos los ensayos clínicos desarrollados durante años.
María fue diagnosticada de una hepatitis C a principios de los años 90, cuando sonaba a virus sañudo. En aquel momento, el tratamiento común para contrarrestar el virus eran las inyecciones de interferón, que probó sin éxito durante medio año. Pero una actitud proactiva frente a la enfermedad la encajó directamente en el perfil de ‘cobaya humana’ para un ensayo clínico que entonces iniciaban los especialistas en aparato digestivo José Luis Olcoz y Francisco Jorquera. María fue una de las primeras pacientes españolas en ensayar el combinado de interferón y ribavirina, la solución que hoy se aplica con total normalidad para neutralizar esta hepatitis. Pero hace casi veinte años, la situación era distinta: «No había certeza de cura, pero adopté una actitud positiva y el tratamiento no me impidió jamás hacer vida laboral y social; recuerdo haber ido a Marruecos y a Canarias de vacaciones con las inyecciones y todos los papeles que las autorizaban. No dejé de ir a trabajar ni un solo día». Y eso que este combinado tenía efectos muy similares a los de una quimioterapia, con náuseas, pérdida de pelo, etcétera. «Lo más importante de la enfermedad es abordarla con positividad». Hoy, el tratamiento que probó como ‘cobaya’ ha borrado todo rastro del virus.
Como María, cientos de leoneses participan voluntariamente cada año en proyectos de investigación de biomedicina y biotecnología desarrollados en los complejos hospitalarios de León y el Bierzo y muchos más se someten a ensayos clínicos con fármacos. Según los datos facilitados por el presidente del Comité Ético de Investigación Clínica de León, Jesús Culebras, sólo los 66 ensayos, seguimientos y becas aglutinarían alrededor de 700 voluntarios (una media de diez por estudio), a los que habría que sumar decenas de pacientes que participan en alguno de los proyectos de élite que financia la Consejería de Sanidad en León en áreas como oncología o medicina interna. Son dos tipos de participación diferentes, pero el objetivo común es responder a preguntas específicas sobre la salud, identificar tratamientos que den resultado en las personas.
Animales; luego, humanos. «Necesariamente, tienen que existir ensayos en seres humanos», defiende Mario Castaño Ruiz, jefe de Cirugía Cardíaca en el Complejo Asistencial Universitario de León. «Todos los fármacos y técnicas quirúrgicas que actualmente salvan vidas y ayudan a mejorar la calidad de vida de las personas han sido probados previamente en estudios científicos que siguen un riguroso método —primero en estudios in vitro , posteriormente en animales y finalmente en el humano— para garantizar que antes de ser aplicados de manera sistemática a la población tengan verdaderamente los beneficios que se les atribuye y no presenten efectos nocivos». «El conocimiento científico verdadero, fiable y duradero —añade— se debe basar en este tipo de estudios. Es lo que hoy en día se conoce como medicina basada en la evidencia y que es la medicina de la que realmente nos debemos fiar. El resto del conocimiento, de hecho, no se puede considerar científico y en muchos casos es el realmente peligroso. Sin estos estudios que siempre suponen un grandísimo esfuerzo para quienes los llevan a cabo, no habría ningún progreso en el conocimiento médico veraz y seguro, y seguiríamos tratando las fiebres con sangrías».
‘Cobayas ovinas’. Mario Castaño coordina uno de los seis proyectos de investigación «A» que se están llevando a cabo en estos momentos en León. Esa clasificación significa que la duración del trabajo será de dos años. El proyecto de Castaño no requiere la participación de ‘cobayas humanas’ en este momento. Esa fase será la siguiente, cuando se confirme que el tratamiento que prueba en ovejas cumple los objetivos buscados. Su trabajo es muy complejo, incluso de explicar. Pero «su impacto social podría ser excepcional», advierte con entusiasmo. El Servicio de Cirugía Cardíaca que dirige da cobertura a una población de 700.000 personas. Cada año intervienen a 450-460 pacientes. «Pues bien, anualmente se realizan entre 180 y 200 procedimientos sobre la válvula aórtica o pulmonar». En eso se centra el proyecto que coordina con la Fundación Sanitaria de León y el Banco de Tejidos de Castilla y León. Se trata precisamente de crear bioprótesis valvulares que sustituyan las actuales, muy lejos de ser perfectas y con una duración muy limitada. Personal de la citada fundación y de Cirugía Cardíaca están operando ovejas para confirmar un tratamiento descelularizador que persigue eliminar todas las células de la válvula pulmonar para dejar el tejido de esa válvula como un ‘esqueleto’ y que las células madre del paciente al que se va a transplantar puedan regenerar la válvula.
La ética de experimentar. Es este alcance social el que pretende visualizar el doctor Castaño: «Claro que animo a participar. Los pacientes van a ser los máximos beneficiados. De hecho ya lo son gracias a que, anteriormente, otras personas se ofrecieron desinteresadamente a participar en los estudios gracias a los cuales se verificó la eficacia de los tratamientos que tratan el infarto cardiaco, la embolia cerebral, el cáncer o el dolor de cabeza». Su experiencia le hace ser especialmente incisivo en la garantía de que todos los estudios que se aprueban por los comités científicos y éticos en la actualidad pasan por rigurosos filtros que impiden que todos aquellos que puedan suponer una mínima desproporción entre el riesgo que corren los pacientes y el beneficio que se puede obtener no son llevados a cabo.
Un ejemplo de todo esto está en la oncología. «La investigación sobre el cáncer es fundamental. No hay otra manera para aportar un plus de calidad y mayor superviviencia. El 55-60% de los pacientes oncológicos se curan, pero el resto va a fallecer de la enfermedad. Por eso es necesaria la investigación, tanto para mejorar los índices de supervivientes como la administración de tratamientos efectivos», sostiene el jefe de Oncología del Complejo Asistencial de León, Andrés García Palomo.
Este departamento es, año tras año, uno de los más activos en la búsqueda de nuevos fármacos y en la mejora de la calidad del tratamiento mediante ensayos observacionales de actividad. La cantidad de pacientes que se involucran es extraordinaria. Actualmente, se registran 1.600 nuevos casos de cáncer al año y los oncólogos atienden 14.000 consultas. Entre un 15% y un 20% de todos esos pacientes participan en investigación clínica u observacional. La aportación de este equipo es notoria para la Sociedad Española de Oncología Médica. De los 302 ensayos clínicos abiertos actualmente autorizados en España para el estudio del cáncer, nueve se desarrollan en León, bien en fase II o en fase III.
Son, por decirlo de alguna manera, las fases del desarrollo de un medicamento que menos dedicación requieren. Resumiendo, la evolución de un nuevo fármaco se hace hasta en cuatro fases distintas. Realmente es un proceso bastante complejo. Las tres primeras fases se realizan antes de que se comercialice y en ellas se estudia la eficacia de una sustancia. La fase I consiste en introducir un medicamento en seres humanos por primera vez. Se utilizan sujetos voluntarios normales para evaluar en qué niveles de uso del fármaco se observa toxicidad. La fase II incluye ensayos clínicos controlados, diseñados para demostrar la efectividad y la seguridad relativa. Los ensayos de la fase III se realizan después de establecer una probabilidad razonable de la efectividad del medicamento y tiene como objetivo obtener información adicional de su efectividad para indicaciones específicas y una definición más precisa de los efectos adversos asociados al medicamento. Y en la fase IV los ensayos se realizan después de que el organismo nacional de registro de fármacos haya aprobado un determinado medicamento para su distribución o comercialización. «Así como el hospital tiene una dotación tecnológica adecuada, creo que debería dar un salto de calidad más allá de la investigación clínica», indica García Palomo teniendo en cuenta que «el 90% de las investigaciones clínicas se hacen en hospitales». De existir más recursos humanos, el número de pacientes en ensayos sería mayor.
Pero si las fuentes de financiación se están secando, ¿quiénes pagan todo esto? La Junta, a través de la Consejería de Sanidad, invierte este año 133.900 euros para subvencionar los ocho proyectos de investigación en biomedicina y salud que ejecutan equipos médicos de León. Pero el resto, la inmensa parte de la financiación de los 66 ensayos clínicos autorizados en los hospitales de León y el Bierzo corre a cargo de los laboratorios farmacéuticos. Según la Agencia Española del Medicamento, el porcentaje rondaría el 85% de la financiación directa. Para profesionales como el oncólogo Andrés García Palomo, «la investigación debería estar promovida y financiada por el Estado». Así «quedarían garantizadas la independencia y la transparencia en la investigación».
«Éxito es publicar». Porque del éxito de estos trabajos es prácticamente imposible conocer datos. «Todas las investigaciones que se hacen aquí se publican en las revistas científicas; eso es éxito», sostiene el presidente del comité ético, Jesús Culebras. Coordinador del proyecto que más inversión acapara de la Junta este año, el jefe del Servicio de Cirugía General del Complejo Asistencial de León asegura que, además de la meticulosidad con la que se revisa cada proyecto mensualmente en el comité que preside, «se deja bien claro al voluntario que no hay retribución económica y que no es obligatorio hacerlo», a tenor de lo que contempla el Real Decreto 223/2004. Porque ni todos los que quieren pueden ser ‘cobayas’, ni todos los que pueden aceptan serlo.
En el Bierzo, el único gran proyecto de biomedicina que se desarrolla es el que lidera Rafael Sanz Castrodeza. Se siente un privilegiado, dado los tiempos que corren con la financiación pública, de llevar a cabo una investigación en la que pretende involucrar a un centenar de pacientes. De tener éxito, su alcance también será extraordinario porque lo que estudia tiene una prevalencia de hasta el 14% entre la población adulta leonesa. Él, como coordinador, y cinco personas del equipo de Neumología del Hospital del Bierzo buscan biomarcadores en enfermedades respiratorias crónicas que puedan servir como detectores precoces de problemas cardiacos. «En una patología silenciosa», advierte Sanz Castrodeza, por lo que su hallazgo serviría para aplicar una terapia precoz y evitar daños previsibles. En su caso no cuenta con voluntariado propiamente dicho, sino que se sirve de la red asistencial diaria para captar a los pacientes.