Rajoy garantiza que España no está al borde de ser intervenida por la crisis

El presidente reclama «responsabilidad» a Monti y Sarkozy cuando hablen del país.

Rajoy atiende a los periodistas a su llegada a la sesión de control en el Congreso.

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antonio montilla | madrid
León

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Mariano Rajoy empleó su intervención ante el grupo popular en el Congreso para mandar un mensaje de tranquilidad a los ciudadanos, a los mercados internacionales y a sus socios europeos. Bien pudo hacerlo en el hemiciclo de la cámara, sede la soberanía nacional, pero optó por pronunciar el discurso más importante de los últimos meses en una sala del Congreso solo ante sus correligionarios.

Rajoy eludió referirse de manera explícita al rescate, palabra tabú en su vocabulario, pero dejó claro que España ni tiene ni tendrá los problemas extremos de financiación y liquidez que tuvieron en su momento Grecia, Portugal e Irlanda, y que provocaron la intervención de sus economías por parte de la Unión Europea y el FMI.

Reconoció, no obstante, que la situación es «muy difícil» y que el país se enfrenta a un «desafío muy grande». Confesó, asimismo, que el elevado déficit, el 8,6% del PIB, daña la credibilidad en el exterior, pero rechazó de plano que España esté al borde del abismo. En este contexto reclamó a todos los partidos y representantes económicos y sociales que asuman su responsabilidad y sean «prudentes» a la hora de especular sobre una intervención. Recomendó a los suyos «no hacer caso al ruido» ni detenerse en rifirrafes políticos que apenas tienen 24 horas de vigencia.

Unos y otros

Es más, recalcó que la situación es igualmente complicada para todos los países de la zona euro. En este contexto arremetió, aunque sin nombrarlo, contra el primer ministro de Italia, Mario Monti, quien el martes responsabilizó a la debilidad de la economía española de los problemas de la deuda italiana, y también contra el presidente francés Nicolas Sarkozy, quien ha adoptado un discurso electoral en el que pone a España como ejemplo de lo que no hay que hacer. «Nosotros —dijo— no vamos contra nadie ni comentamos lo que hacen otros países, lo que es bueno para España es bueno para Europa». Insistió en que su Gobierno ha acreditado voluntad política para cumplir con todos los compromisos adquiridos ante la Unión Europea.

Rajoy lamentó, una vez más, que la herencia que dejó el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero no haya dado a su Gobierno «ni un minuto de tregua ni ningún periodo de rodaje» a la hora de emprender una «tarea de desescombro» de todos los «lastres» que impiden el crecimiento de España y la creación de empleo, objetivo prioritario de su Gobierno.

Rajoy arengó a los diputados del PP, desconcertados por los resultados electorales adversos en Andalucía y Asturias e inquietos por la respuesta social a los ajustes gubernamentales, y les pidió que se sientan «orgullosos» de las decisiones adoptadas por el Gobierno en estos primeros cien días de gestión. Pese a ello, el presidente se mostró convencido de que transita por la senda correcta que permitirá «crear las vigas maestras de un nuevo horizonte».

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A Rajoy le preocupa, en clave interna, las dificultades del Gobierno y del PP para explicar los motivos de las severas medidas de ajuste adoptadas desde el 30 de diciembre y, sobre todo, de las que vendrán en los próximos meses. De sus palabras se desprendió que se arrepentía de haber afirmado en el Congreso que no iba a quejarse de la herencia recibida.