león lucha por la minería. La polémica de los enfrentamientos
Quiñones advierte de que no se utilice Ciñera como escudo durante las cargas
Quince agentes han resultado heridos en los enfrentamientos, con 33 detenidos. Las protestas han cortado durante más de 250 horas carreteras y vías en León.
Juan Carlos Suárez-Quiñones defendió la actuación de los agentes en las cargas.
«No impliquen al pueblo de Ciñera en las movilizaciones. Lo he hecho llegar por activa y por pasiva a los representantes sindicales y diversos interlocutores, pero todas las llamadas han caído en vacío. Se sigue poniendo a la localidad como escudo, con el riesgo supone para la población, que se ve envuelta en unos incidentes que pueden causar males mayores que todos tenemos que evitar». Fue uno de los llamamientos que ayer hizo el subdelegado del Gobierno en León, Juan Carlos Suárez-Quiñones, quien mostró su malestar por las acusaciones de los sindicatos sobre la dureza de las cargas policiales en los cortes de carretera. «Han lanzado unos calificativos altisonantes en los que no me reconozco».
El subdelegado reclamó también el cese de la violencia: «Existen otras medidas de presión tan contundentes de cara a la opinión pública, quizá más efectivas para manifestar sus quejas, como la Marcha Negra o las manifestaciones, que respetamos. Pero la fuerza y la violencia no van a obtener el silencio y la pasividad de las fuerzas de seguridad, del Gobierno y de este subdelegado».
Suárez-Quiñones recordó que «durante muchas semanas ya» se ha utilizado la violencia como medida de presión, «con un perjuicio continuado y grave de los derechos de otros ciudadanos». Recordó que el conflicto minero ha cortado durante 219 horas las carreteras, y más de 31 horas las vías del tren en distintos puntos de la provincia, perjudicando a «miles de personas cuyos derechos también tenemos que proteger».
El subdelegado respaldó «absolutamente» la actuación de las fuerzas de seguridad en los cortes y las cargas posteriores, que calificó de «totalmente proporcionadas a la violencia con que se les recibe y a la necesidad de restablecer la normalidad»; y recordó que previamente a estos ataques «se realizan intensas gestiones para intentar levantar las barricdas de manera voluntaria».
Suárez-Quiñones mostró su «enorme preocupación» por los ataques a los guardias civiles, especialmente en Cistierna, «con una orografía difícil que deja poco margen de maniobra». Y recordó que se han incautado a los manifestantes «lanzaderas de todo tipo de cohetes, de pelotas de golf, de patatas, tornillería de entre 5 y 7 centímetros, cócteles molotov, bolas de acero de un centímetro y piedras». Un arsenal que ha conseguido romper los cascos y los escudos de varios agentes.
También señaló que las actividades de las fuerzas del orden están regidas por la «asboluta prudencia», y que sólo se ha detenido a «aquellos sobre los que hay pruebas palpables y directas de implicación»; con una «intervención mínima en las cargas y en los atestados».