Diario de León

Un año del cese definitivo de ETA

El final de la violencia parece ahora no tener vuelta atrás, pero todo apunta a que la desaparición definitiva de la organización terrorista se antoja todavía lejana.

Una mujer observa en las televisiones el anuncio del fin de la violencia el año pasado.

Una mujer observa en las televisiones el anuncio del fin de la violencia el año pasado.

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melchor sáiz-pardo | madrid
León

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ETA ha decidido el cese definitivo de su actividad armada». Diez palabras que ponían fin a 51 años de terrorismo, 857 muertos y miles de heridos. Eran las siete de la tarde del 20 de octubre del 2011. Los tres encapuchados anunciaban hace un año menos una semana el fin para siempre de la violencia pero no el de la existencia de la banda armada. Una organización terrorista que, doce meses después, sigue viva, que se niega a disolverse.

El Gobierno, que solo está dispuesto a hacer algún guiño en las cárceles si ETA desaparece formalmente, ha intensificado la dispersión del colectivo de presos terroristas y se niega, por activa y por pasiva, a sentarse a negociar.

El fin de la violencia no parece tener vuelta atrás, pero la desaparición de la banda se vislumbra aún como algo muy lejano. Si alguien esperaba que el histórico comunicado del 20 de octubre acelerara los acontecimientos, se equivocó. Los principales actores —la propia ETA, sus presos, la izquierda aberzale, los supuestos mediadores internacionales y el Gobierno— no se han movido apenas de sus posiciones.

Mariano Rajoy garantizó que nada iba a cambiar y el Ministerio del Interior, dirigido desde Navidad por Jorge Fernández Díaz, se afana en cumplir esa promesa.

Los servicios de Información de la Policía y la Guardia Civil trabajan con la misma intensidad que si ETA estuviera activa y no se ha desmontado ninguna de las estructuras antiterroristas, según las fuentes consultadas. Aunque la inactividad ha provocado un bajón importante en las detenciones, solo 26 desde el alto el fuego definitivo, algunas operaciones, como la captura en mayo en Aquitania del enésimo jefe militar de la banda, Oroitz Gurrutxaga, dan buena cuenta de que la guardia sigue bien alta y que no hay concesiones. La continua renovación de las listas de los terroristas más buscados por las fuerzas de Seguridad confirman que las investigaciones sobre los restos del naufragio de la organización continúan.

A pesar del alto el fuego definitivo, los servicios de Información sitúan a una treintena de militantes en la ‘vanguardia’ de una ETA que languidece en Francia. Otros 110 activistas con causas pendientes, los mismos que hace un año, siguen repartidos por Venezuela, Cuba, México, Cabo Verde, Argentina, Portugal, o Suiza. Interior insiste en que, pese a las informaciones sobre la existencia de un plan para incentivar el retorno de huidos sin causas, no hay «nada de nada».

El gran tablero carcelario

Al margen de la lucha antiterrorista, la mayoría de los analistas apuntaron en octubre del 2011 que el fin definitivo de la banda terrorista se iba a jugar en la cancha de las cárceles. Hoy hay todavía 453 presos fieles a la ortodoxia de ETA repartidos en 48 prisiones. Un gran tablero en el que se esperaban movimientos, pero en el que apenas sí se han alterado posiciones. El campo penitenciario es el único en el que Gobierno estaría dispuesto a hacer un gesto limitado a acercamientos más o menos colectivos, pero siempre a cambio de la disolución de la organización e incluso a la entrega de las armas

A pesar de que no se ha producido ningún cambio en la política penitenciaria, la izquierda aberzale y ETA han hecho de los presos su caballo de batalla, quizá conscientes de que sus exigencias políticas son inalcanzables. Sin el anuncio de disolución, insisten en el Gobierno, no habrá conversación que valga. Doce meses después, el Ejecutivo defiende, como entonces, que jamás se sentará con ETA.

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