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josé miguel blanco | madrid
León

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No es una época propicia para renovar mayorías. Por eso, la amplia victoria conseguida ayer por Alberto Núñez Feijóo en Galicia debe tener un sabor especial para él, para el PP y para Mariano Rajoy. El presidente del Gobierno coge aire y puede esbozar una sonrisa ante las interpretaciones de que lo que había ayer en su comunidad de nacimiento era un plebiscito sobre su gestión al frente del Ejecutivo. Una actitud que contrasta con la del líder socialista. Alfredo Pérez Rubalcaba no se presentaba a las elecciones, pero no puede sentirse ajeno a lo ocurrido y será consciente de que el resultado, sumado a la asumida pérdida de la Lehendakaritza por parte de Patxi López, pueden adelantar el debate larvado sobre su sucesión.

La cita de Galicia, donde Xosé Manuel Beiras también puede considerarse triunfador frente a sus ex del BNG, se presta más a una interpretación política en clave nacional que la otra celebrada esta jornada, en el País Vasco. Allí, el escrutinio ha dado la razón a las encuestas previas y el PNV se ha situado en cabeza de las preferencias de los votantes, con EH-Bildu en segunda posición en el regreso de la izquierda abertzale a las urnas. El horizonte de pactos queda abierto en Euskadi, a la espera de que Íñigo Urkullu despeje la incógnita de si pretenderá gobernar en solitario, con ayudas puntuales, o buscará algún tipo de acuerdo más estable.

Feijóo no los tuvo anoche. Si acaso, habrán sido en positivo al ver cómo la mayoría absoluta justa que consiguió en marzo del 2009 se ha ampliado y ha hecho vivir a su partido y a Rajoy una alegría que no pudieron expresar tras las últimas elecciones andaluzas. Quien seguirá al frente de la Xunta ha impedido dar alas al argumento del PSOE de que el relevo en Galicia iba a ser una muestra del rechazo de la sociedad a las políticas de Rajoy y puede sumir a los socialistas en un debate interno.

El que ha sumado puntos para el futuro es Feijóo, y no sólo en el ámbito autonómico. Cuando todavía no se ha cumplido ni un año de Rajoy en la Moncloa, se antoja precipitado hablar de quién puede tomar su relevo en el partido, pero con una jornada como la de hoy, el barón gallego, de 51 años, suma méritos y sube un peldaño en la familia popular. A más corto plazo, el que ve algo más despejado el futuro es otro gallego, el presidente del Gobierno, ávido de una buena noticia como la de ayer después de la sucesión de malos datos económicos de los últimos meses. Pero el aval de Galicia no diluye los problemas, y a la vuelta de la esquina le esperan dos decisiones que los socialistas aguardan expectantes para certificar su tesis de que el jefe del Ejecutivo las ha dilatado por interés electoral: ¿Revalorizará las pensiones?. ¿Pedirá el rescate a la UE?

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