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«Me gustaría vender más y poder contratar a una persona»

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León

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Belén Graíño Expósito se quedó sin trabajo y, animada por su pareja, puso en marcha una pescadería, la única que hay en Matarrosa del Sil. En la antigua sede un banco —en el pueblo ya sólo queda una entidad operativa al cien por cien— encontró un local apropiado en espacio y asequible en renta.

 

«El primer año fue muy bien, pero los dos siguientes... vivimos algo bien porque nos ayudan los padres», explica mientras limpia su pescadería. La luz que paga se ha triplicado en los tres años: «Al principio eran 60 euros al mes y ahora son 160», explica. Y las ventas son ajustadas.

 

«En Santa Cruz ya cerraron y a los que quedan les quitan el 20% del sueldo más la hora del bocadillo y la ropa. Trabajan doce horas por 850 euros», explica haciendo un resumen de la situación de su entorno. Para remate, «no hay nada para estos chavales jóvenes», dice señalando a su hijo, de 20 años. «Trabajaba en el monte, pero ahora no sale nada», lamenta la madre.

 

Chicharros, sardinas, truchas y merluza son los pescados más demandados de este establecimiento al que acude sobre todo la gente mayor del pueblo. «Los jóvenes prefieren las grandes superficies», dice sin rencor.

 

En la puerta de la pescadería ha colocado un cartel para recoger encargos para la fiesta de Santa Bárbara. «Hay gente que me pregunta si tengo algo de trabajo para Navidad. Qué más quisiera yo. Lo quiero es vender más y meter a una persona», asegura.

 

De momento, tiene que arreglarse sola e intentar seguir adelante al menos un año más, el tiempo que necesita para pagar el préstamo con el que puso en marcha el negocio. «Pedí una subvención pero me la denegaron», afirma.

 

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Las mujeres son las que han tomado la iniciativa de los pocos negocios que se han abierto en Matarrosa del Sil en los últimos años. Ella fue una de las primeras, después otra chica abrió un supermerdo y otra un bar. Belén Graíño había trabajado en la hostelería y como carnicera. El de pescadera es un oficio que le gusta y se le da bien. Le encanta ver llegar el pescado fresco de Galicia a las siete y media de la mañana. Pero el panorama es desolador: «Mira El Escobio, se fueron todos a Cabo Verde. Está destartalado y en sus tiempos era un pueblo mejor que este, tenía parque y cine».