«El cliente está en la playa, aliviado pese a Garzón, y ordena transferir un millón»

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mateo balín | (colpisa) madrid

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Luis Bárcenas vivía placidamente hasta febrero del 2009. Manejaba con mano de hierro las cuentas del Partido Popular, se pasaba por el Senado cuando tocaba y en su tiempo libre viajaba con asiduidad a la montaña o tomaba el sol en playas paradisiacas. Esta era su actividad conocida, porque la desconocida, el entramado societario y sus millonarias cuentas abiertas desde principios de los noventa en Suiza, y que nunca declaró, también iba viento en popa.

El gran salto comenzó en el 2005, en pleno apogeo de la trama ‘Gürtel’, la red de corrupción vinculada al PP. En junio de aquel año crea una fundación panameña llamada Sinequanon, propiedad de una sociedad domiciliada en el paraíso fiscal de Bermuda, Impala Limited. Apenas 10.000 dólares de inicio, sin actividad comercial conocida, Bárcenas abre cuatro cuentas en el Dresdner Bank de Ginebra a nombre de Sinequanon. Una sociedad que a finales del 2005 sumaba fondos por valor de 14,8 millones de euros. Tal era el volumen de dinero en tan pocos meses que el banco le preguntó de dónde había salido. Por que la declaración de bienes de Bárcenas era escueta: el senado y el arte. Nada más. La respuesta del ex tesorero fue de inversiones inmobiliarias en Baqueira Beret,, donde había construido chalets junto a dos socios que le habían reportado «grandes beneficios». En febrero del 2009 comenzó a caerse el castillo de naipes construido por Bárcenas desde su despacho en Génova 13, sede central del PP.

Retirada

Garzón levantó la liebre del ‘caso Gürtel’ y comenzó la retirada silenciosa del tesorero. Así quedó reflejado en los correos electrónicos de los empleados del Dresdner Bank que trataron con «Míster L. B.» entre el 18 de febrero y el 17 de abril del 2009.

El 18 de febrero ya se había destapado ‘Gürtel’, pero no el nombre de Bárcenas. No obstante, éste comunicó al banco suizo que quería liquidar Sinequanon para invertir en Argentina y Brasil. El 12 de marzo, ya con Bárcenas en el ojo de Garzón, comenzó a vaciar las cuentas. En el mes y medio siguiente transfirió cuatro millones en cuatro operaciones con destino a Estados Unidos. Y el último medio millón, en junio. Estos movimientos provocaron una gran hiperactividad en el ex senador y preocupación en el Dresdner Bank. «He leído la prensa y es difícil distinguir lo que ocurre. El cliente (Luis Bárcenas) no coge el teléfono», escribe un empleado suizo. «Me encuentro con el cliente en Madrid. Evita mostrarse en público mientras continúa la investigación. Dice que las acusaciones de Garzón son infundadas», anota otro el 14 de abril.

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Tres días después, un empleado suizo afirma que Bárcenaz «está aliviado, que el efecto mediático del asunto del PP ha desaparecido, que va a continuar con sus actividades y mantiene su querella contra Garzón». Y el 22 de abril el extesorero del PP «llama desde un sitio con playa, donde pasa las vacaciones», para confirma la última transferencia «de un millón» a Estados Unidos con la que vacía buena parte de sus cuentas en el Dresdner Bank