Respeto para una renuncia por sorpresa
Opinión | Mons. Antolín de Cela
rector de la basílica de la encina
En la mañana nevada de antes de ayer amanecieron paralizados por la sorpresa los medios de comunicación de todo el Bierzo. Primero surgieron algunos correos, luego las inevitables llamadas a los despachos y finalmente la prensa digital, la radio y televisión anunciaron la inesperada noticia. El Papa Benedicto XVI que había sido elegido para regir la Sede Apostólica el 19 de Abril de 2005 tras la muerte de Juan Pablo II y que pronto va a cumplir 86 años, va a renunciar a su ministerio pontificio.
Es un gesto que él asume libremente con plenas facultades porque se ha dado cuenta de que su edad avanzada y sus crónicas dolencias le impiden el vigor necesario para seguir en el cargo.
Él apenas se puede mover y sin embargo un Papa de hoy ha de asumir su tarea misionera y evangelizadora en medio del mundo acudiendo a las Jornadas Mundiales de la Juventud para encontrarse con los más jóvenes, visitar a las jóvenes iglesias de África o los países que más necesitan la fortaleza, el apoyo de la fe y la comunión de la Iglesia.
A nosotros nos sorprende este gesto porque hace ya siglos que no se repetía. Pero esta posibilidad está asumida y legislada en el Derecho Canónico y hay que agradecer al Papa la valentía, la generosidad, el coraje, el amor a la Iglesia y la responsabilidad personal que implica esta renuncia. Él no quiere ser una carga para la Iglesia y deja paso a alguien que pueda asumir y liderar el Servicio a la Unidad y el Magisterio Papal.
A nosotros no nos queda sino comprender y respetar este nuevo paso dado por el Pontífice. Sería una locura que nos mostráramos, —nunca mejor dicho—, más papistas que el Papa. Personalmente deseo además agradecer sus muchos años de servicio a la Iglesia Católica, el que haya sido uno de los más significativos pensadores católicos de nuestro siglo, el que se nos haya mostrado como un hombre cercano e inteligente y un maestro en la fe. Su magisterio ha brillado siempre en las comunidades cristianas.
Los que queremos ser buenos hijos de la Iglesia también entendemos que la edad oprime, que ello produce un cansancio difícilmente sostenible, que esto es algo natural y que esta renuncia del Papa acogida por nosotros con comprensión, respeto y cariño puede convertirse en todo un símbolo a la hora de asumir los signos de los tiempos.
El que un Papa enfermo y cansado lo deje antes de morir puede ser una bendición para todos si otro asume ese servicio con entusiasmo y lo lleva a feliz término. Recemos para que el Espíritu Santo conduzca y guíe este proceso.