Frío, calculador y posesivo: nunca aceptó que su mujer lo abandonara
Frío, calculador y con una inteligencia superior a la media. Esa es la imagen que mostró Bretón a lo largo de los 21 días en los que se prolongó el juicio en el que ha resultado culpable. Su carácter también era posesivo, según valoraron algunos de los expertos que declararon ante el jurado popular. Tanto que no pudo aceptar que su esposa Ruth Ortiz quisiera iniciar una nueva vida sin él, lejos de su control permanente. Se sintió abandonado y por eso necesitó vengarse. Y lo hizo en lo que ella más quería, sus hijos.
Desde la desaparición de Ruth y José, de seis y dos años, apenas ha dado muestras de debilidad. Ni siquiera aquel 8 de octubre del 2011 en el Parque Cruz Conde, donde quienes que le vieron destacaron la excesiva tranquilidad con que hacía frente a la falta de sus hijos.
Entre sus escasos momentos de debilidad figuran un episodio de autolesiones en prisión que no fue a más y la supuesta confesión que habría hecho a un primo de que los niños no volverían jamás, un hecho que no ha quedado probado.
No se ha desviado de la versión según la cual perdió a los niños en el parque, que jamás les hubiera hecho daño porque es un gran padre y que aún están vivos.
Durante el juicio tampoco perdió la compostura. En ningún momento mostró expresividad alguna, de arrepentimiento, de culpabilidad o de rabia por sentirse inocente. Escuchó impasible cómo los peritos aseguraban que los huesos hallados en la hoguera son de Ruth y José y que él quemó sus cuerpos allí. Solo en un momento se le notó aflorar una pizca de sensibilidad. Fue ante su madre, a la que dedicó una mirada de ternura cuando ella se negó a declarar contra su hijo. Tampoco ayer se vino abajo mientras escuchaba el veredicto de culpabilidad. Asistió a la lectura impasible, como si no fuera con él. Y como si tampoco fuera con sus hijos.