Diario de León

Madera de héroes anónimos

Ocho protagonistas del rescate y ayuda a las víctimas de la catástrofe de . Agrois cuentan cómo vivieron la tragedia desde sus diferentes puntos de vista.

Los servicios de emergencias y vecinos auxiliaron a los heridos en las vías desde el primer momento.

Los servicios de emergencias y vecinos auxiliaron a los heridos en las vías desde el primer momento.

Publicado por
f. apaolaza | (colpisa) santiago

Creado:

Actualizado:

De alguna manera, en el accidente del Alvia 151 en Santiago hubo cierta belleza. Mientras la tragedia enseñaba sus fauces de bestia infernal y se tragaba decenas de vidas, en ese momento y en ese lugar cientos de personas construían un monumento al ser humano. Estuvieron muy cerca de quemarse, de cortarse o de perder la cabeza. Estas ocho historias son un homenaje a todos los que hicieron que la catástrofe fuera un poco menos terrible.

El primero es, José Ramón Baliñas, bombero: el protagonista de la imagen del accidente del miércoles, una imagen que ha dado la vuelta al mundo. Sucedió poco después de que el gigante humilde que es Baliñas llegara al lugar del accidente con otros ocho bomberos y comenzara a ayudar a salir a los que podían valerse. En ese momento la encontró a ella. La tomó en brazos con otro vecino de camiseta roja y la sacó del infierno. En ese tiempo le preguntó cosas. «No sé qué le dije ni qué me respondía. Solo les hablas para tranquilizarlos y saber cómo están. Solo recuerdo que me miró y me dijo ‘Gracias’». No la ha vuelto a ver pero sabe que está bien.

Por su parte, Benigno Roca es policía nacional: organizó el despliegue de agentes. En dos noches, Benigno Roca durmió seis horas y cuarto. La primera noche, solo fue un cuarto. Esa madrugada se pulió la batería de varios teléfonos móviles. Cuando llegó a Angrois y vio lo que ocurría, se dio cuenta de que tenía un problema. «En ese momento comienzas a verlo todo desde el punto de vista profesional. No dejas que el lado humano aflore».

Mientras, Román Freire es cabo de la Guardia Civil: entró en los primeros vagones. Entró en el infierno muy pronto, unos diez minutos después de empezar todo. Estaba con otros miembros de un grupo de intervención de la Guardia Civil, a punto de empezar el operativo de controles de drogas y armas a la entrada de Santiago. «Entré en los primeros vagones, que fueron los que más suerte tuvieron». Dentro, la escena que pinta es la de un vagón tumbado sobre un costado con todos los asientos arrancados. «Todo lo que había ahí dentro estaba amontonado en el suelo y aplastado». Entre los objetos yacían los heridos.

Llega el turno de los vecinos, como José Fontao: fue el primero en avisar de la catástrofe. Todo era paz y silencio a las nueve menos veinte en Angrois. Pepe Fontao, un camionero retirado, se sentó junto a la ventana de su casa, una atalaya privilegiada para ver el horror. «Oí el ruido, vi cómo salía del túnel y después la polvareda». Tomó el teléfono. «Estaba muy nervioso. Creo que les dije que un tren había salido de la vía y no me creyeron». Les dijo que hicieran lo que les diera la gana, colgó el teléfono y se tiró por la cuesta.

Con sus manos

Mientras, Mercedes Pazos abrió las alambradas con sus manos A Mercedes Pazos aún le duelen los músculos de las piernas y sufre calambres tras el esfuerzo. No es una mujer que haga deporte, pero cuando vio la vía que pasaba por debajo de su casa convertida en un campo de batalla, agarró las redes metálicas y las alambradas que cerraban las vías y comenzó a tirar de ellas hasta que arrancó el faldón del suelo. Las dobló para que salieran los heridos arrastrándose.

Los periodistas ayudaron informando, como Ana Lois: la primera en contar el desastre. Llegó de los primeros, a eso de las nueve y cuarto, a contar el desastre. Salieron volando hacia Angrois. No había una cifra de fallecidos y Ana Lois, reportera de la Televisión Gallega, podía contar que ya veía siete cadáveres delante de ella, tirados en las cunetas de las vías. Le dijeron que había vagones en los que no entraban porque estaban todos fallecidos. ¿Cuantos eran en total? No lo sabía nadie. «No quería hacer loterías con los muertos».

Por su parte, Miguel Ángel Doallo es psicólogo: acompaña a los familiares de las víctimas. Algunos saben que sus familiares han muerto. Otros lo presienten. El tanatorio y el centro de atención a los afectados de San Lázaro es una colección de gentes cuya vida acaba de saltar por los aires. Entre ellos circulan decenas de psicólogos, trabajadores sociales y socorristas que los cubren con mantas, palabras y caricias. El jefe de uno de esos equipos es Miguel Ángel Doallo, psicólogo de emergencias de Cruz Roja. Lo primero que hacen es intentar que coman, que beban agua y que descansen, pero no es fácil.

Y, por último, el sacerdote Carlos Álvarez Varela: dio consejo espiritual a las víctimas. Cuando el padre Carlos Álvarez llegó al centro de información sobre las diez y media de la noche, comenzaban a llegar los primeros familiares. «Me fui hacia allí sin pensarlo mucho. Creía que habría católicos que igual me necesitaban. Estaban destrozados, totalmente deshechos. No sabían si estaban vivos o muertos, pero llamaban a los suyos a los teléfonos móviles y no les respondían... Solo quería ayudar».

tracking