Susana Díaz plantea la lucha contra la corrupción como eje de su mandato

La próxima presidenta de Andalucía quiere prohibir las donaciones privadas.

Griñán cede el paso a Susana Díaz.

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c. cuerdo | (colpisa) sevilla

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La corrupción fue uno de los elementos que motivaron su ascenso, según llegó a reconocer José Antonio Griñán el día de su dimisión, y ayer se convirtió en uno de los ejes del discurso de la próxima presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, que aseguró que la combatirá «con todas sus fuerzas y sin tibieza» porque «avergüenza». Una lucha que pasa, entre otras medidas, por una iniciativa legislativa para prohibir las donaciones privadas a los partidos, una mayor fiscalización de la contabilidad de las formaciones e incluso multas para los responsables políticos que eludan rendir cuentas. Un control al que no escapan siquiera los cónyuges de los cargos públicos, que deberían dar a conocer su renta y patrimonio aunque haya separación de bienes.

La sucesora de Griñán, que será a partir dehoy la primera mujer presidenta de Andalucía y también la primera menor de 40 años, esbozó las claves del que insiste será «un nuevo tiempo» que permitirá recuperar la maltrecha imagen de la política: lucha contra la corrupción, aunque no mencionó en ningún momento el caso de los ERE fraudulentos, y más transparencia en la gestión pública, pautas para un gran pacto nacional que propondrá a Mariano Rajoy en la primera reunión que mantengan. Y lanzó un mensaje a los integrantes de su equipo de Gobierno: «la proximidad y la cercanía con los ciudadanos no será un eslogan sino una obligación».

Mucha realidad

La todavía candidata hizo un discurso de investidura apegado a la realidad, lejos de grandes propuestas imposibles de cumplir en tiempos de crisis y escasez presupuestaria, según coincidieron en el PSOE y su socio de Gobierno, IU. Para el PP, sin embargo, se trató de un discurso «vacío», y dudó que vaya a combatir la corrupción cuando siquiera fue capaz de mencionar el caso de los ERE.

Como no podía ser menos, la crisis económica fue otra de las claves de la intervención de Díaz, haciendo hincapié en que «las políticas de austeridad no promueven el crecimiento, no sirven para aumentar la producción ni para crear empleo». Ante ese escenario, abogó por una «renovada estrategia de crecimiento» en la que se eliminen «inercias» y se pase «de la subvención al incentivo».

Como había trascendido, Díaz incluyó importantes concesiones a la coalición de izquierdas, entre ellas la puesta en marcha de un instituto de crédito andaluz y la creación de un observatorio que permita racionalizar el uso de las tierras públicas y reforzar el empleo rural, viejas reivindicaciones de IU. En materia fiscal, anunció que no habrá subida ni creación de nuevos impuestos, aunque sí retoques para ahondar en la progresividad fiscal y hacer más equitativo el sistema. También se ahondará, dijo, la lucha contra el fraude.

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La alternativa a las políticas del PP no pasa por los recortes sino por «una reevaluación de nuestros activos», e insistió en que «una sociedad más competitiva no implica unos ciudadanos más pobres».