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r. arias | león
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«Se podría decir así», concede al periodista el profesor Daniel Vázquez, titular de Laboreo de Mina de la Escuela de Ingeniería de Minas de León: «El grisú es como un asesino silencioso». El causante de la tragedia de La Pola es básicamente gas metano que aparece en cualquier lugar en el que se haya producido putrefacción de materia orgánica, que es lo que está en el origen del carbón. En realidad el grisú se desprende de manera continua, explica el profesor Vázquez. «Pero la ventilación de la mina lo va eliminando y no pasa nada», agrega. Cuando se concentra entre un 5 y un 14% el grisú resulta explosivo en combinación con una chispa. Pero eso no es lo que aconteció en el pozo Emilio.

«Lo que ha pasado es un desprendimiento súbito de metano. Probablemente lo que se denomina un derrabe gaseado», añade este experto. «Se habrá producido porque ha caido una determinada cantidad de carbón y el gas metano ha desplazado al oxígeno. Es algo imposible de prever. Se puede considerar como una causa fortuita que sucede en cuestión de segundos», asevera.

E incluso va más allá en sus apreciaciones: «Esa mina tiene unas condiciones de seguridad extraordinarias. Conozco esa mina e incluso cuenta con un control monitorizado que envía todos los datos a un pc en el exterior».

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Sobre esta tesis, el profesor Vázquez también recordó que los mineros de esta explotación cuentan con «equipos autorrescatadores que en el caso de insuficiencia de oxígeno se lo proporcionan». «Pero —enfatizó— no hubo tiempo material para utilizarlos».