Diario de León
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Opinión | Luis Aznar

senador del PP y Ex Líder del CDS EN LEÓN

Adolfo Suárez se ha ido para siempre. Sin embargo, lo cierto es que hace casi trece años que nos dejó. Las novedades que desde aquellos primeros momentos de la enfermedad hemos tenido de él han sido muy escasas. La entrañable foto con el Rey paseando por el jardín fue una excepción en el manto de respetuoso silencio que se ha mantenido en torno a su figura. Tal vez, debido a la convicción por parte de todo el mundo de que ya se le había castigado demasiado en sus años de actividad.

Pocas personas han sufrido de forma tan descarnada el azote de la crítica como él. Posiblemente era el precio a pagar por haber sido el hombre que transformó España en pocos meses, por ser el político que hizo el tránsito de un país anclado en el pasado tras cuarenta años de dictadura a un país moderno y democrático. Sus enemigos políticos fueron furibundos, muchos de sus compañeros en la UCD le traicionaron sin piedad y aquel último intento de seguir en activo que fue el CDS no logró despegar. «Me quieren mucho, pero no me votan», decía él para explicarlo. Hoy todo el mundo, de forma unánime, reconoce su figura. Bienvenida sea esta unanimidad aunque llegue tarde. Ya solo servirá a su familia.

Tuve la suerte de colaborar con él hasta su retiro de la política, me honró con su amistad y de su ejemplo aprendí algo tan importante como que la política es tolerancia, diálogo, negociación y, sobre todo, pasión por los ciudadanos. Con él se va esta forma de entender el servicio público.

Suárez viajó a León en muchas ocasiones. La primera, siendo candidato a las primeras elecciones democráticas. Conservo la foto de aquel primer abrazo que nos dimos. Después vinieron muchos otros. Su magnetismo, aquella mirada directa y sincera, te conquistaba para siempre. Nada más fundar el CDS me llamó para acompañarle en aquella incierta aventura y puedo decir que, junto con el grupo de amigos que conformamos el partido en León, viví la experiencia más hermosa de toda mi trayectoria política.

Hoy me quedan los recuerdos, los paseos con él, las confidencias en voz baja, las risas, incluso algún Cohiba de los que le mandaba Fidel fumado en su despacho. También conservo con mimo sus cartas manuscritas. Pero, sobre todo, su ejemplo y su cariño.

Al otro lado le esperan su mujer Amparo y su hija Mariam, sus amigos Chus Viana y Agustín Rodríguez Sahagún y alguno de los nuestros como Carlitos Moráis. Nosotros, los demás, seguiremos aquí, un poco más solos, un poco más pobres, con el sentimiento de haber perdido a alguien muy cercano y muy querido.

A mí me seguirá acompañando hasta el final su foto junto a Agustín Rodríguez Sahagún que, desde siempre, preside los despachos por los que paso.

Siento una inmensa pena. Hasta siempre presidente, hasta siempre amigo.

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