El Gobierno frena las pretensiones de limitar las manifestaciones
El ministro del Interior y la alcaldesa de Madrid solicitaban un cambio normativo .
El Gobierno no va a plantearse una reforma de la Ley Orgánica 9/1983 que regula los derechos de reunión y manifestación. Unas modificaciones que sabe que le llevarían con toda seguridad a otro revolcón jurídico como el que el jueves le dio el Consejo General del Poder Judicial a cuenta del antepoyecto de la Ley de Seguridad Ciudadana. El Ejecutivo, especialmente la vicepresidenta y el titular de Justicia, han frenado las pretensiones del ministro del Interior y de la alcaldesa de Madrid para promover un «inviable» cambio normativo a fin de limitar las protestas y, sobre todo, trasladarlas al extrarradio de las ciudades o hacia áreas en las que se reduzcan las molestias para el resto de ciudadanos, los transportes y el turismo.
Soraya Sáenz de Santamaría fue clara tras el Consejo de Ministros: el Ejecutivo ni ha reclamado ningún informe a la Abogacía del Estado ni «está trabajando en ese sentido». La número dos del Gobierno, aunque no quiso desautorizar expresamente a Ana Botella y a Jorge Fernández -los dos responsables políticos que con más vehemencia reclaman la creación de ‘manifestódromos’ que saquen las protestas del centro de las ciudades- salió en defensa del actual marco normativo. «En cada manifestación analizamos en qué manera esos itinerarios perjudican lo menos posible al resto de ciudadanos. Reconociendo el derecho de manifestación, la Delegación de Gobierno, en ocasiones avalada por los tribunales, ha tratado de reconciliar ambos conceptos y es en lo que estamos trabajando», apuntó la vicepresidenta.
La alcaldesa de Madrid, a pesar de todo, insistió ayer en la necesidad de proteger ciertos «entornos, que no bienes históricos», de las manifestaciones. Es más, propuso acotar espacios en las ciudades en los que se podrían limitar las manifestaciones, como dijo que ocurre en París, con tres criterios: los ejes estratégicos de transporte, las áreas de afluencia turística y las zonas históricas. El jueves el ministro del Interior dijo que resultaría «muy atinado» circunscribir el derecho constitucional a manifestarse a «un lugar específico» ya que «ningún derecho es absoluto».
Lo cierto es que el rechazo del Ejecutivo central a tocar la ley de 1983 no es nuevo. En otoño de 2012, al calor de las primeras manifestaciones de indignados, Botella, la delegada del Gobierno de Madrid, Cristina Cifuentes, y el presidente de la comunidad, Ignacio González, ya quisieron abrir el debate de cambiar una legislación que consideraban «muy permisiva» para «modular» con una nueva norma el derecho a manifestación, en palabras de la regidora madrileña.
Advertencia
Ya entonces, los letrados de Justicia e Interior advirtieron varias veces que la idea de crear ‘manifestódromos’ en el extrarradio a través de una ley orgánica «colisionaba frontalmente» con la Constitución. Según informaron ayer diversas fuentes gubernamentales, en septiembre y octubre de 2012 sí que se hicieron consultas informales a diversos abogados del Estado y a la Fiscalía para estudiar si era posible incluir en la ley que la Administración pudiera fijar «itinerarios alternativos» fuera del corazón de las ciudades. Todos los expertos consultados llegaron a la misma conclusión, la idea era inviable.