Susana Díaz se topa con las dificultades a los siete meses de la investidura
La presidenta de Andalucía dijo al asumir el cargo que lucharía contra la corrupción .

La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, en una imagen de archivo.
Los cien días de gracia a la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, le han durado siete meses, pero al final, y en apenas dos semanas, se ha topado con la cruda realidad de que no tenía una tarea fácil por delante. El conflicto con los socios de Gobierno a cuenta del realojo de la corrala okupa Utopía y el escándalo por el supuesto fraude millonario en las ayudas a los cursos de formación le han estallado de golpe en menos de quince días y han truncado lo que hasta ahora parecía un camino de rosas sobre el que la dirigente socialista iba construyendo una imagen de política todoterreno con proyección nacional.
La herencia recibida en septiembre del año pasado, cuando asumió el cargo de manos de José Antonio Griñán, era muy pesada, y desde el primer momento tuvo que lidiar con el caso de corrupción de los ERE fraudulentos y el supuesto desvío de fondos públicos de UGT. En cuanto se hizo con las riendas, su mensaje fue claro: tolerancia cero contra la corrupción y mano dura contra los culpables. «Rechazo tanto la complicidad como la tibieza hacia la corrupción y me propongo combatirla con todas mis fuerzas desde la presidencia de la Junta; seré implacable», aseguró durante la sesión de investidura, en lo que era toda una declaración de intenciones. «Son comportamientos -apostilló- que me avergüenzan».
No le tembló la mano para rehacer el Gobierno y alejar todo lo que oliera, siquiera de lejos, al escándalo de los ERE. Antes ya lo había hecho en el PSOE de Sevilla, quitando de la circulación a su hasta entonces padrino, José Antonio Viera, por su supuesta implicación en las regulaciones de empleo fraudulentas.
Estos gestos fueron aplaudidos e incluso se interpretaron como un soplo de aire fresco por sectores poco predispuestos a la lisonja, como entidades financieras o empresariales, con las que durante estos meses se ha fotografiado y ha cerrado numerosos acuerdos. Pero no ha sido hasta ahora cuando se ha dado de bruces con la realidad y cuando de verdad Díaz se ha visto sometida a una verdadera prueba de fuego para demostrar su talla como gobernante.
El caso de la corrala Utopía se ha convertido en el roce más visible que han tenido PSOE e IU. La presidenta ejerció su autoridad sin complejos retirando las competencias de vivienda a sus socios del Ejecutivo regional, a los que acusó de incumplir la legalidad. Lanzó un órdago a IU aún a riesgo de la ruptura del pacto de Gobierno y apuntaló más su imagen a nivel nacional de fortaleza ante situaciones difíciles. Pero las competencias fueron devueltas al día siguiente para cerrar la crisis en falso.
Sin tiempo apenas para meditar sobre lo ocurrido, los sobresaltos han vuelto al Ejecutivo de la peor forma posible, un nuevo escándalo de corrupción. La investigación se centra en el destino de fondos públicos para empresas encargadas de cursos de formación para desempleados. De momento, Díaz aún no se ha pronunciado sobre este nuevo escándalo, que sin duda erosiona su mandato en plena precampaña para las elecciones europeas.