EL CRIMEN DE ISABEL CARRASCO

Una familia en paralelo

El inspector jefe de la Policía en Astorga y su mujer «no formaban el clásico matrimonio al que se ve paseando del brazo» y madre e hija compartían «desde los vinos a las vacaciones. No paraban»

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León

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Una familia de tres miembros, la del inspector en jefe de la Policía de Astorga hasta la muerte de Isabel Carrasco, Pablo Antonio Martínez, que en Astorga han descrito como una familia en paralelo. Puede ser fruto de las circunstancias —los estudios de Ingeniería de Triana en Santander y su edad, 25 años, cuando su padre se hizo cargo de la comisaría— y de esa especial unión entre la madre, Montserrat González, y la hija.

«No era el clásico matrimonio al que se ve paseando del brazo juntos», explican en Astorga. Y mientras madre e hija buscaban una carrera política para la segunda, el policía guardaba la distancia del que sabe que tendrá que trabajar con el partido más votado.

La obsesión de Triana Martínez con Isabel Carrasco se conocía en las familias del PP astorgano y la queja de Triana Martínez encontraba un eco en su madre, «que lejos de quitársela de la cabeza, insistía en el tema». La estrecha relación maternofilial llevaba a compartir desde los vinos a las vacaciones y los viajes a Alemania y otros destinos eran frecuentes. A esto se suman las estancias de Montserrat González en casa de su hija, en León. Mañana no podrán disfrutar juntas del aniversario de la madre, que cumple 59 años. Lo hará en la prisión de Villahierro.

«No paraban», es el resumen de su ritmo de vida. Mientras, el inspector jefe se dedicaba a la comisaría y sus vinos. Su estilo de vida era muy predecible: «Sabíamos los restaurantes y bares que frecuentaba».

Montserrat González acompañaba al inspector a actos oficiales y sociales que se celebraban en Astorga. La presencia institucional en la bimilenaria Asturica Augusta nunca falta en un acto que tenga cierta entidad y reúne a Obispado, Ejército, Guardia Civil, Policía Nacional y Local y Cámara de Comercio, además de a la corporación municipal.

En la calle se conoce poco la historia de la carrera política de Triana, truncada, defiende ella, por la presidente de la Diputación y del Partido Popular en León, Isabel Carrasco. Pero en los círculos del PP que frecuentaban la madre y la hija era su «conversación monotemática». Ambas trataban de atraer adeptos a su causa contra Carrasco una vez que la relación con la presidenta se volvió tensa. Son testimonios recogidos en Astorga y Carrizo de la Ribera, el pueblo de la madre, donde Triana sí tenía amistades.

«Con una buena licenciatura y con idiomas, sólo aspiraba a la política». Estaban muy metidas en el PP, «pero muy solas» por «su único tema de conversación», que llegó a tal punto que hubo quienes les esquivaban y eso que cuando comenzaba el primer mandato de Isabel Carrasco en la institución provincial hubo quien creyó que Triana Martínez iba a ser «los ojos y oídos» de Carrasco en la ciudad y sus comarcas. «Les gustaba arrimarse a personas influyentes». Sin embargo, en la Diputación, perdido el favor de Carrasco, Triana se juntó con los sectores críticos del funcionariado de la institución y esto llegó a oídos de la presidenta.

Los héroes del 2 de mayo

Casi con toda seguridad el último acto en el que Montserrat González acompañó al inspector fue la conmemoración de la gesta de los capitanes de Artillería Daoíz y Velarde el 2 de mayo, hazaña que todos los años recuerda el Regimiento de Artillería Lanzacohetes de Campaña (Ralca) número 62, con base en Astorga. Montserrat González asistió en enero a la gala de la Asociación de Empresarios de Astorga y su Comarca (Asemac), donde coincidió con Isabel Carrasco. El inspector jefe y su mujer ocupaban una mesa contigua a la de la presidenta.

Sin embargo, a Triana Martínez no se le conoció en Astorga. Su vida social en la ciudad maragata fue mucho más restringida, aunque alguna amistad hizo, además de los contactos de tipo político. En Carrizo de la Ribera, el pueblo de su madre, tenía bastantes más amistades y los domingos comía con su abuela. Hace ahora una semana, se le vio en el caño cogiendo agua y su foto en Facebook está hecha en un pub de la villa. En la localidad ribereña recuerdan su carácter reservado y su sonrisa perenne. Algunos bromeaban con su situación antes de que se desencadenara el enfrentamiento con Carrasco: «Una chica guapa, con trabajo en la Diputación y un cochazo. Un partidazo para cualquier hombre», era el comentario jocoso.

Por su parte, Montserrat González «tenía más desparpajo» que la hija y una conversación donde cabían otros temas que no fueran el de la presidenta de la Diputación. A Triana, le recomendaban pasar página y buscar trabajo. Pese a la crisis, su dominio del alemán —cursó un máster en Alemania— y su titulación de ingeniera de telecomunicaciones eran buenos avales para encontrar un trabajo y olvidar su incursión en la política.

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Triana no se conformaba con cualquier puesto de trabajo. Trasladarse a Madrid «suponía para ella vivir en el centro y frecuentar determinados lugares y círculos. Pero todo esto suponía ganar un salario más alto de lo que le ofrecían». Así que, tras su paso por la Diputación, continuó como autónoma, realizando trabajos para constructoras y administraciones públicas, desde ayuntamientos hasta el Gobierno de Navarra. «En Gijón se le veía en los lugares que frecuentaban los empresarios de la construcción antes de que petara el sector», pero aún hacía algunos trabajos.