Rajoy sigue rechazando plantear una reforma de la Constitución

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antonio montilla | madrid
León

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La última reforma de la Constitución la pactaron y aprobaron en agosto de 2011 el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el actual jefe del Ejecutivo, Mariano Rajoy. Lo hicieron en una semana y sólo contaron con el apoyo añadido de CiU.

Desde esa fecha, diversos grupos parlamentario han planteado la necesidad de quitarle las arrugas a la Carta Magna aunque por asuntos tan dispares como la consulta soberanista en Cataluña, la desaparición de las comunidades autónomas o para variar aspectos concretos que afectan a la Casa Real como, por ejemplo, la posibilidad de que una mujer asuma el trono de España aunque los reyes tengan un hijo varón.

La decisión de don Juan Carlos de abdicar en favor de su hijo Felipe devuelve esta controversia a la primera línea política. Rajoy, de momento, permanece inmutable ante las pretensiones de las formaciones republicanas y nacionalistas. El presidente del Gobierno se cierra en banda porque, a su juicio, no se dan dos condiciones básicas para introducir cambios en un texto que apenas ha cambiado durante los últimos 30 años: que se alcance al menos el consenso logrado en 1978 y, sobre todo, que nadie plantea qué artículos se quieren modificar y con qué objetivos.

En las últimas semanas, miembros del Ejecutivo han comentado en privado la necesidad de buscar un nuevo encaje para Cataluña en la Constitución que le otorgue un tratamiento fiscal y económico similar al del País Vasco y Navarra con sus respectivos conciertos económicos. Otras fuentes subrayan el doble problema que supone que Artur Mas no quiere dar su brazo a torcer y, especialmente, que Esquerra puede convertirse en la primera fuerza de Cataluña por delante de CiU, como ocurrió en los comicios europeos. También ven un obstáculo en las, a su juicio, turbulencias internas que vive el PSOE. Antes de dar cualquier paso, el PP quiere que el nuevo liderazgo socialista se asiente.

En este contexto, Rajoy acudió a unas jornadas de la revista The Economist en Madrid. Se da la circunstancia de que cada vez que se anuncia la intervención del presidente del Gobierno en este foro, algún personaje histórico abdica o dimite. Ocurrió la vez anterior cuando el papa Benedicto presentó su renuncia y sucedió también este año, con el anuncio de la abdicación del rey Juan Carlos.

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Abundó que España es una democracia, quien quiera cambiar las reglas de juego puede hacerlo, pero tiene que utilizar los instrumentos establecidos en la Constitución. «Lo único que no se puede hacer en democracia es saltarse la ley», acotó.