Diario de León

Un superviviente de Spanair: «Me han operado 15 veces, algún día correré»

Familiares de las víctimas ante el monumento en recuerdo del vuelo de Spanair JK5022.

Familiares de las víctimas ante el monumento en recuerdo del vuelo de Spanair JK5022.

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Mateo Balín | madrid
León

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Si hay una actitud que ejemplifica el tortuoso camino que ha recorrido Rafael Vidal desde aquel funesto 20 de agosto de 2008 es la templanza y la encomiable calma para enfrentarse a un desafío sideral: volver a vivir tras regresar de la «peor de las batallas», relata uno de los 18 supervivientes del accidente del avión de Spanair, del que hoy se cumplen seis años y en el que fallecieron 154 personas.

«No hay duda. Es para llorar de dolor, sí, y también para gritar de rabia. Pero tratas de relativizar y pensar en frío: te toca donde te tenga que tocar. Antes había volado en avionetas cochambrosas en Venezuela y Camboya, y mira, a mí me tocó en Barajas», cuenta este madrileño de 36 años, ingeniero de profesión. Seis años después de uno de los peores accidentes de aviación en España, Rafa mantiene intacta su lucha por defender los derechos de los afectados del vuelo de la extinta Spanair. Lo hace en primera línea, dando la cara, cuando otros supervivientes, por razones obvias, prefirieron dar un paso atrás. Ello, pese al titánico esfuerzo añadido que supone recuperar su pierna izquierda en pleno fragor judicial. «Llevo un calvario de 15 operaciones y las que me quedan, pero sé que algún día volveré a correr», asegura. Rafa lleva un fijador externo para sujetar su maltrecha tibia, agujereada por doce sitios. Los hierros le atraviesan los tendones y cada vez que hace un movimiento en falso le provocan rozaduras «igual que un zapato y me paso dos días hecho polvo», relata. No obstante, los injertos de su pierna se fortalecen poco a poco y en invierno si todo va bien le quitarán el fijador. «Mi pierna ahora es como la de un niño pequeño al que le crece el hueso, la cuestión es que la tibia se fortalezca y el peroné se iguale. No me debo confiar, porque en noviembre pasado se me volvió a romper la tibia, pero ya me lo tomo como parte de mi recuperación», afirma.

Hasta la fecha, las facturas médicas, los quirófanos privados, la terapia y la silla de ruedas le han costado 45.000 euros de su bolsillo, 30.000 de los cuales se los tuvo que adelantar la Asociación de Afectados del Vuelo JK 5022, mientras se resuelve el espinoso asunto de las indemnizaciones civiles.

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