Rajoy escoge un diputado bregado como portavoz del PP en el Congreso
Rafael Hernando acumula una trayectoria plagada de controversias.
Rafael Hernando y Mariano Rajoy, en la jornada de ayer.
Mariano Rajoy ha tardado dos semanas en decidirse y ha resuelto que para sustituir a Alfonso Alonso como portavoz del PP en el Congreso no necesitaba un fino estilista ni un negociador florentino ni un muñidor de pactos. Ha optado por un parlamentario duro, de verbo fuerte y bregado en las más ásperas disputas. La elección de Rafael Hernando es toda una declaración de intenciones por parte de Rajoy de que no quiere invertir tiempo en la búsqueda de acuerdos con los socialistas u otras fuerzas. Ha escogido al menos indicado para el entendimiento con la oposición. Y además, si quería presencia en los medios de comunicación con el nuevo portavoz la tiene asegurada.
Allá por 1997, cuando era casi un desconocido, el diputado por Almería nacido en Guadalajara saltó al candelero cuando acusó al presidente Felipe González de haber ordenado a TVE borrar sus imágenes con Luis Roldán, el ex director de la Guardia Civil por entonces huido con los fondos del cuerpo y del colegio de huérfanos. Lejos de retractarse, como le exigió el Gobierno socialista, o de presentar pruebas de su acusación, negada por los trabajadores del ente, despachó el asunto con que era lo que había oído a un sindicato.
Desde entonces su carrera de parlamentario, tiene escaño en el Congreso desde 1993, ha estado trufada de broncas y controversias. Para el nuevo portavoz popular, los socialistas y la izquierda son la encarnación del mal, y todo el que lleve la contraria a su partido vive en el error. Atesora un perfil poco amigo de la conciliación y más partidario del cuerpo a cuerpo. Los duelos de ‘los Hernando’, comparte apellido con el portavoz socialista, prometen chispas.
«Soy demasiado claro», confesaba ayer poco tras conocer su designación por boca del propio Rajoy. Su itinerario político da fe de esa claridad. Llamó «pijo-ácrata» al juez Santiago Pedraz por su inactividad ante el movimiento 25-S que animaba a rodear el Congreso; hablando de víctimas del franquismo dijo que «algunos se han acordado de desenterrar a su padre solo cuando había subvenciones para encontrarle», comentario que motivó una querella de los deudos de la dictadura ante el Supremo; defendió además que «las consecuencias de la República fueron un millón de muertos»; y consideró que las opiniones del actor Javier Bardem, una de las bestias negras del imaginario popular, son «frivolidades de millonario residente en Miami».
Pero el incidente que le catapultó fue su intento de agresión al socialista Alfredo Pérez Rubalcaba en julio de 2005. El PSOE había rechazado la comparecencia en el Congreso de la entonces vicepresidente María Teresa Fernández de la Vega por un incendio en Guadalajara en el que murieron once personas. Rubalcaba se topó en el pasillo de la cámara con un grupo de populares, entre ellos Hernando, a los que afeó llevándose la mano a la cara por tener mucho rostro. Algo hizo clic en su cerebro y se encaró con indisimuladas intenciones con el socialista: «Eso no me lo dices a la cara». Menos mal que andaban por allí Eduardo Zaplana, Ángel Acebes y Carme Chacón, que evitaron la que hubiera sido la primera agresión física en el palacio de la carrera San Jerónimo desde la restauración de la democracia.