Muere el etarra Bolinaga tras más de dos años libre por un cáncer

Su libertad generó polémica entre el Gobierno y las víctimas .

Esquela del etarra Uribetxebarria Bolinaga en la localidad de Arrasate, donde residía.

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efe | san sebastián / madrid

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El miembro de ETA Iosu Uribetxebarria Bolinaga falleció ayer en su domicilio de Arrasate (Guipúzcoa), después de más de dos años desde su puesta en libertad condicional por el cáncer terminal que padecía, una decisión que enfrentó a las víctimas del terrorismo con el Gobierno.

Uribetxebarria cumplía varias penas que sumaban casi 180 años de prisión por los asesinatos de tres guardias civiles y por los secuestros del industrial Julio Iglesias Zamora y del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, el cautiverio más largo de la historia de ETA.

El recluso, que nunca mostró arrepentimiento, aún se enfrentaba a una causa pendiente por el asesinato de un guardia civil en 1986, por el que la Fiscalía había pedido esta misma semana una pena de 29 años de prisión.

Cuidados paliativos

Desde hace unos dos años el etarra no se sometía a ninguna resonancia ni prueba diagnóstica y desde hace más de un año los médicos no le suministraban ningún tratamiento salvo los cuidados paliativos, lo que incrementaba su riesgo de muerte súbita, dada la localización de la metástasis cerebral.

El miembro de ETA solicitó asistencia psicológica para afrontar la muerte y ha padecido grandes dolores en la última fase de su enfermedad.

El cuerpo de Iosu Uribetxebarria Bolinaga se encontraba en el tanatorio de Arrasate, donde su familia y allegados recibieron ayer numerosas visitas.

Los familiares despedirán hoy al fallecido en un funeral civil que se oficiará en un parque de Arrasate, la localidad en la que vivió Uribetxebarria y en la que mantuvo cautivo durante 532 días, en un pequeño «zulo» excavado en el subsuelo de una nave industrial, al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara.

La concesión de la libertad condicional a este preso por el cáncer de riñón que padecía ocasionó una tormenta política en agosto de 2012, que abrió una grieta entre una buena parte de las víctimas de ETA y el Gobierno del PP y representó «un antes y un después de la política penitenciaria de Rajoy», según insistió ayer la presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Ángeles Pedraza.

Aquella decisión originó un encendido debate sobre la salud del preso y las posibilidades de tratamiento de su dolencia en prisión, que el juez de vigilancia penitenciaria José Luis Castro resolvió a favor del recluso, atendiendo a los informes médicos del Hospital Donostia, donde era atendido.

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De su dilatada trayectoria criminal en el seno de ETA se recordará su resistencia a revelar, una vez detenido y conducido a la nave en la que se encontraba Ortega Lara, el lugar exacto en el que le tenían oculto, un prolongado silencio que a punto estuvo de desbaratar el rescate en la madrugada del 1 de julio de 1997.