El rey se implica en la cuestión catalana
En su cuarta visita en ocho meses resalta con motivo del centenario de Freixenet que se puede tener un «corazón profundamente catalán» y a la vez «orgullo español».
La Jefatura del Estado se está volcando con Cataluña. Felipe VI, en su primera visita a la comunidad catalana, a la semana de su proclamación, expresó que tenía la intención de hacer más presente a la Corona en la comunidad catalana, lo que se interpretó como que reconocía que la cuestión catalana era uno de los retos de su reinado.
Desde su coronación, hace ocho meses, don Felipe ha recalado cuatro veces en tierras catalanas. La última, ayer, con motivo del centenario de las cavas Freixenet, en Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona). El rey se apoyó en la firma vitivinícola para proclamar que se puede tener un «corazón profundamente catalán», como le ocurre al cava y de ahí el significado que tiene para la sociedad catalana, y al mismo tiempo tener «orgullo español» y pasearlo con «éxito por el mundo». Con el ejemplo empresarial, Felipe VI presentó la catalana como una identidad compatible con la española, en línea con lo que apuntan algunas encuestas, que afirman, como la del CEO, que está aumentando el número de ciudadanos que se sienten tan catalanes como españoles. El rey aseguró además que Freixenet, y por extensión los catalanes, representan «nuestro mejor espíritu emprendedor y nuestros mejores logros empresariales». El presidente de Freixenet, Josep Lluís Bonet, que también es presidente de las Cámaras de comercio españolas, es uno de los empresarios catalanes que más se ha significado en contra del proceso soberanista y en las pasadas Navidades aprovechó el célebre spot televisivo de la marca de cava para desear seguir todos juntos otros cien años más.
Aunque desde el nacionalismo catalán desearían que la implicación de Felipe VI en la cuestión catalana pudiera ser ya palpable en alguna oferta concreta, sus funciones constitucionales pasan por arbitrar y moderar el debate e ir lanzando mensajes, como dijo en su primera visita a Gerona, de «respeto, entendimiento y convivencia» como antídotos para seducir a los catalanes, embarcados en pleno proceso independentista.