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cristian reino | barcelona
León

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A favor de la independencia y despujolizada. Así será la nueva Convergència Democrática de Catalunya (CDC), el partido que Jordi Pujol creó hace casi 40 años, y que ayer sentó las bases de su «refundación», prevista para dentro de poco menos de un año.

En estos escasos doce meses, la formación que lidera Artur Mas se juega el ser o no ser. Hegemónica en Cataluña, Convergència, socia de Unió en CiU (está por ver hasta cuándo), es una de las principales damnificadas electorales, según las encuestas, del vuelco que se ha producido en el panorama político catalán en los últimos tres años. Castigada por la corrupción -Pujol y Palau-, por el desgaste de años de recortes y la imposibilidad de culminar el proceso soberanista, el electorado de CDC es cada vez más estrecho y no le queda otra que renovarse o morir, aun a costa de romper con su pasado.

La CDC de la era post Pujol se propone dar el giro definitivo hacia el independentismo. «Nos planteamos pasar de reconstruir nacionalmente Cataluña a construir el Estado catalán», expresó este sábado Josep Rull, número 2 de la formación, durante el consejo nacional del partido.

La nueva Convergència quiere romper con su pasado también, declarando un combate contra la corrupción y estableciendo un código ético muy exigente.

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Como tercera pata ideológica, la futura CDC se situará en la órbita socialdemócrata. Pero lo que aún no ha definido el partido, sin embargo, es su relación con sus socios de Unió. Toda posibilidad de ruptura está descartada antes de las elecciones municipales, donde la federación se juega más de 400 alcaldías, incluida la de Barcelona.