La negligencia costó la vida del espeleólogo
El único superviviente relata que José Antonio Martínez falleció cuando la camilla en la que la Gendarmería marroquí lo subía del barranco cayó a una catarata.
José Antonio Martínez, uno de los dos espeleólogos españoles fallecidos en la cordillera del Atlas, murió a consecuencia de las negligencias cometidas durante su rescate a cargo de la Gendarmería marroquí. Así lo explicó ayer el único superviviente de la tragedia, el policía nacional Juan Bolívar, quien entre sollozos detalló en una comparecencia pública los más de seis días que permanecieron atrapados en el fondo de un barranco, casi sin comida y bajo una temperatura media de cinco grados. El relato de Bolívar fue escalofriante. También puso en evidencia que la negativa de Marruecos a que el rescate lo realizase un equipo de expertos españoles trasladados de urgencia hasta el lugar del accidente resultó mortal para Martínez. «El rescate no fue normal», resumió.
«No piensas que esté sucediendo de verdad. Piensas que estás en una película», comenzó Bolívar. Él fue el único de los tres que no resultó herido cuando, tras unas doce horas de marcha, sus dos compañeros se precipitaron por el barranco que trataban de escalar mientras Bolívar los observaba desde abajo.
Transcurridas cinco jornadas, Bolívar escuchó voces en lo alto del barranco. Fue entonces cuando recuperó la esperanza. No obstante, la versión oficial de Marruecos, repetida ayer, de que no escatimó ningún esfuerzo en la operación de salvamento, contrasta con el testimonio del superviviente.
Bolívar explicó que le lanzaron una camilla unida con una cuerda para que subiera a ella a su compañero. Se negó y pidió que bajara un médico para examinar a Martínez. Descendió un gendarme y ató al espeleólogo herido. Cuando comenzaron a izar la camilla tirando a pulso de la cuerda, el policía recuerda que le dijo a su amigo que la pesadilla había terminado. Pero todo se torció en un instante. La cuerda se atascó por lo abrupto del terreno y la camilla con Martínez acabó metida en una catarata de agua helada. Y allí se quedó.
«Yo, sin fuerzas, escuchaba a José gritando que se ahogaba», apenas acertó a describir Bolívar. A la mañana siguiente, le confirmaron que su compañero había fallecido en el agua.