Diario de León

A España se le agota la paciencia con los ataques verbales de Nicolás Maduro

Madrid llama a consultas a su embajador en Caracas, paso previo a la ruptura de relaciones.

El presidente Nicolás Maduro durante su programa de televisión ‘Contacto con Maduro’.

El presidente Nicolás Maduro durante su programa de televisión ‘Contacto con Maduro’.

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ander azpiroz | madrid
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La escalada de tensión entre España y Venezuela dio un nuevo paso adelante hasta colocarse en el escalón diplomático previo a la ruptura de las relaciones bilaterales. Hasta ahora, el Ejecutivo de Mariano Rajoy se había mostrado paciente ante las acusaciones vertidas contra dirigentes españoles por parte del Gobierno bolivariano. Finalmente, ayer Madrid respondió a los últimos ataques lanzados por el Gobierno bolivariano con la llamada a consultas de su embajador en Caracas. En la práctica, esto supone retirar al máximo representante en el país afectado durante un tiempo indefinido.

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, justificó la decisión en las «declaraciones intolerables» que desde el Gobierno bolivariano se lanzan contra España. Las dos últimas se produjeron el pasado martes. Por un lado, Maduro insistió una vez más en acusar a Mariano Rajoy de dirigir un complot internacional para derrocarle. Por otro, la Asamblea Nacional venezolana aprobó una moción para nombrar al ex presidente Felipe González persona ‘no grata’. Los ataques contra el ex líder socialista han sido constantes desde que el pasado marzo aceptó participar en la defensa de algunos de los líderes de la oposición venezolana encarcelados. Margallo atribuyó las constantes ofensas a un intento de las autoridades de Caracas de desviar la atención sobre «las dificultades económicas, sociales y políticas por las que atraviesa el pueblo de Venezuela».

En un comunicado posterior, Exteriores señaló que a lo largo de los últimos años ha soportado una «escalada de insultos, calumnias y amenazas dirigidas contra España y sus instituciones». La gota que ha colmado la paciencia del Gobierno son «las afirmaciones sobre un supuesto apoyo a actividades terroristas, que resultan particularmente ofensivas para un país como España, que ha sufrido durante muchos años la lacra del terrorismo». El ministerio aclaró a continuación que, al margen de sus desavenencias con Maduro, «siempre ha apoyado y apoyará al pueblo de Venezuela, con quien nos unen históricos y fraternales lazos».

Antes que España, Nicolás Maduro ya había ordenado la llamada a consultas de su embajador en tres ocasiones. La primera se produjo en abril de 2013 nada más asumir el poder. Venezuela repitió la llamada a consultas de su embajador apenas tres meses después, esta vez como señal de protesta por los impedimentos de varios gobiernos europeos a que el avión en el que Evo Morales regresaba a La Paz desde Moscú sobrevolara su espacio aéreo.

La última llamada a consultas del embajador sucedió en octubre pasado a raíz de que Rajoy recibiera en la sede del PP a Lilian Tintori, esposa del opositor encarcelado Leopoldo López.

Aunque no llamó a su representante en Madrid, la pasada semana Maduro ordenó preparar una batería de medidas contra España «a todos los niveles» a consecuencia de la aprobación de una resolución en el Congreso de los Diputados apoyada por PP, PSOE, UPyD, CiU y PNV en la que se exige la puesta en libertad de los líderes opositores.

Entre uno y otro incidente Maduro se ha despachado de forma constante contra Rajoy, al que ha calificado, entre otras cosas, de «franquista», «golpista», «racista», «bandido» o «corrupto». Hasta este momento Madrid había preferido optar por la mesura a la hora de responder a la «escalada de insultos» por parte de Caracas. Ahora, lo ha hecho con la máxima contundencia que permiten las reglas de la diplomacia.

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