AQUELLAS CAMPAÑAS...
Ataúlfo, el hombre que sólo quería hacer pensar
Era el icono serio e imperturbable del barrio de Santa Marina, una auténtica divisa humana, el primer hombre-anuncio que se viera en la ciudad. Oficinistas, tenderos y chavales camino de clase pasaban a su lado y si estaba Ataúlfo en su rincón de la plaza del Espolón, apostado desde bien temprano, era que todo marchaba como debía, que el mundo seguía girando. Lloviera, nevara, hiciera sol, allí estaba Ataúlfo luciendo duros lemas revolucionarios, pero tan leídos y releídos por los leoneses que acabaron revestidos de una ternura especial, de una familiaridad entrañable: «Que no le tomen el pelo: no vote», «La religión es un truco», «Transformemos las iglesias en centros sanitarios» y el que más exhibía: «Curas y monjas a trabajar, ¡ya!». Asturiano de las cuencas, comunista hasta la médula, huérfano, minero, emigrante en Suiza... un personaje de película, especialmente cuando respondía a las campanadas de la iglesia de Santa Marina haciendo sonar en su tocadiscos ‘La internacional’ a todo volumen. Se llegó a presentar por la ORT y hasta dio un mitin en el que gritó: «¡A por ellos!». Uno de los presentes, entonces, objetó: «Ataúlfo, si somos cuatro». Y él respondió: «Si vienes a reventar, mejor marchas». | e. gancedo