El triunfo de la concejala «torrefacta» de León
María Hernández se convierte en la primera concejala gitana del Ayuntamiento de León
María Hernández, la primera concejala de la etnia gitana en el Ayuntamiento de León
Su abuelo se sentó en la corporación municipal que abrió este último periodo democrático y ella se prepara para estrenarse 36 años después como la primera edil gitana del Ayuntamiento de León. La nieta a la que inoculó el veneno de la política el histórico Rafael Pérez Fontano, venerado en la UGT leonesa, recogerá el acta como número dos de Despierta León el próximo 13 de junio. Una credencial ganada con «orgullo» por María Hernández con la que se da un paso más para cerrar «esa brecha sociológica» existente que marca a una etnia que «es la más castigada, pese a ser la mayoritaria», como demuestran los «2.400 habitantes que hay sólo en León».
Hija de padre gitano y madre paya, María Hernández insiste en que se siente «igual de paya que de gitana». «Por eso yo digo que soy torrefacta: mitad natural, mitad mezcla», bromea María Hernández, con sus 30 años sembrados de ejemplos de superación que ahora quiere someter a una nueva prueba con la política como escenario. Otro paso más al frente de esta dependienta que empezó a trabajar a los 17 años en una zapatería de la calle Ancha, donde ha vuelto después de que no prospera la tienda que montó por su cuenta.
El salto llega después de que esa política que mamó «en casa de los abuelos» que la criaron encontrara expresión en el estallido de Podemos. «Antes no creía en los partidos, pero entonces vi que era una opción en la que podía encajar para que ese hartazgo que tenía tuviera un sitio», explica como justificación para el impulso que la llevó a sumarse al círculo que nació en aquellas reuniones minoritarias de Espacio Vías en las que el partido de Pablo Iglesias todavía no tenía foco, ni protagonismo, ni representación, ni siquiera pensaba que un día pudiese conseguir dos concejales ben el Ayuntamiento de la capital leonesa bajo el sello de Despierta León.
Pero han llegado, con los rasgos gitanos de María Hernández para dar color a un arco político en el que intentará aportar lo que enseñó el abuelo Rafael y las raíces de su etnia. «Me siento orgullosa de lo que soy, pero no necesito ir diciéndolo por ahí como si fuera un sello de denominación de origen», avisa, mitad natural, mitad mezcla: auténtica como ella sola.