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León

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Las reminiscencias de la política estadounidense no se reflejaron sólo en el uso orgulloso de la insignia nacional —«ser patriota es querer que la historia de tu país discurra por la senda de la prosperidad y de la libertad de sus ciudadanas y ciudadanos», clamó Sánchez—, también pudieron apreciarse en el papel asignado a la mujer del candidato, Begoña Gómez, que no sólo siguió el discurso en primera fila sino que, al terminar, fue la única que subió a acompañarlo al escenario.

A ella y a sus hijas dedicó el líder socialista, además, palabras cariñosas de esas que en la política española chocan por lo que tienen de exhibición del ámbito intimo. «Gracias porque cada noche, cuando regreso a casa, su alegría borra mi cansancio», «por la comprensión cuando la tarea en que me he empeñado me aleja de su lado», etc.

«Moderación»

El objetivo de todo ello era dar al evento un tono presidencialista y presentar a Sánchez como hombre de Estado consciente de que un jefe de Gobierno representa a todos los españoles. El propio lema de la conferencia, ‘El cambio que nos une’, apuntaba en esa dirección. Y Sánchez repitió en numerosas ocasiones que la suya será una apuesta por la «moderación».

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Cuando habló de economía y de la lacra del desempleo, aseguró que los problemas de España no son culpa de un solo Gobierno sino de la acción muchos de ellos y de los agentes económicos durante mucho tiempo y que por lo tanto, para cambiar el modelo productivo, también requiere de «todos». Y cuando habló de corrupción prometió no (volver a) caer en el ‘y tú más’