POLÍTICA
El ambiente electoral monopoliza la celebración de la Fiesta Nacional
Albert Rivera consolida su papel como figura determinante para la gobernabilidad

Los reyes, acompañados de sus hijas, presidieron en la plaza de Cánovas del Castillo el desfile del Día de la Fiesta Nacional
Nunca, ni siquiera en 2011, cuando apenas quedaba un mes y medio para las elecciones generales, se había hablado tanto de encuestas en el Palacio Real como este 12 de Octubre. Seguramente porque entonces el panorama no resultaba demasiado incierto; la duda no era quién gobernaría sino hasta dónde llegaría el hundimiento del PSOE tras una legislatura marcada por la crisis y en la que los festejos de la Fiesta Nacional se habían saldado con sonoros abucheos a José Luis Rodríguez Zapatero.
Ahora, con dos incorporaciones de calado al elenco político, la situación parece tan abierta que ni siquiera el rey evitó el comentario en sus charlas con invitados en el abarrotado Salón de Columnas. «Estáis subiendo como la espuma», le dijo con interés a Albert Rivera; sin duda la figura emergente del momento.
Resulta imposible saber si Pablo Iglesias hubiera concitado una atención semejante de haber aceptado participar en los actos institucionales de la jornada festiva. Lo cierto es que el líder de Ciudadanos —que, en su estreno, acudió solo a la cita— no tuvo un minuto de respiro. «Hay que ser consciente de que hoy estás arriba y mañana puedes estar abajo», dijo él a una elocuente distancia de la escasamente visible ex portavoz deUPyD, Rosa Díez, y su sucesor, Andrés Herzog. Pero, de momento, la formación saborea su momento más dulce. Ese en el que todos, como bien dijo la presidenta de Madrid, Cristina Cifuentes, se afanan en ponerle «ojitos».
Rivera respondió al monarca que lo importante es consolidarse en votos, pero —entre saludo y saludo a alcaldes, empresarios, periodistas…— se mostró convencido de que los resultados de las catalanas del 27 de septiembre, en las que su partido logró 735.000 votos y aventajó a socialistas y populares, han sido un buen «termómetro» del desgaste de los viejos partidos.
Los ‘viejos’ también lo saben y ayer se les pudo ver calibrando cómo debe ser su relación con una fuerza política que compite por su espacio electoral y con la que parecen condenados a entenderse.
Mariano Rajoy optó por guardar distancias. Es cierto que tenía algo de prisa porque debía emprender viaje rumbo a Nueva York para participar en una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU, que este mes preside España, pero también lo es que este tipo de saraos le gustan poco —para el recuerdo queda su desafortunada frase de 2010 ante un micrófono indiscreto: «mañana tengo el coñazo del desfile…»— y la excusa le sirvió para permanecer en el cóctel, resguardado en una esquina, poco más de diez minutos.