EL DESAFÍO INDEPENDENTISTA
Las fuerzas secesionistas catalanas activan la ruptura definitiva con España
Junts pel Sí y la CUP pretenden usar su mayoría absoluta para crear ya un Estado propio.
Rajoy, durante su comparecencia institucional de ayer.
Veinticuatro horas depués de la constitución del Parlamento catalán y al mismo tiempo que la Policía Nacional entraba en el domicilio del ex presidente Jordi Pujol, Junts pel Sí y la CUP, las dos formaciones independentistas que obtuvieron la mayoría absoluta en las pasadas elecciones, iniciaron ayer el camino final hacia la creación de un Estado catalán.
Las fuerzas soberanistas catalanas han pasado de las advertencias a los hechos y se preparan para aprobar en breve el mayor desafío político para España desde la proclamación del Estado catalán por Lluís Companys en octubre de 1934. Junts pel Sí y la CUP, cuyo objetivo es culminar la secesión en 18 meses, digan lo que digan el Gobierno central, las leyes españolas y las resoluciones del Tribunal Constitucional, registraron ayer una resolución parlamentaria conjunta, que quieren someter a votación en el primer pleno de la legislatura (probablemente la semana que viene), en el que «declararán solemnemente el inicio del proceso de creación del estado catalán independiente en forma de república».
No es una declaración unilateral de independencia, pero sí una ruptura de facto. Proclama que el «Parlamento catalán y el proceso de desconexión no se supeditarán a las decisiones de las instituciones del Estado, en concreto el Constitucional» e insta al Gobierno catalán a «cumplir exclusivamente aquellas normas o mandatos emanados» de la cámara catalana. Con su grito a favor de la república catalana, la presidenta del Parlamento catalán, Carme Forcadell, ya dejó claro el lunes, en el arranque de la legislatura, que el secesionismo ha dado por cerrada la etapa autonómica y que las distancias -en lo político- son cada mayores a un lado y otro del Ebro. A partir de la resolución y en cuanto pongan en práctica el contenido de la declaración, las instituciones políticas catalanas se situarán en el límite de la desobediencia y llevarán el pleito catalán al máximo de enfrentamiento, forzando el choque de trenes, por si del mismo pudiera surgir una negociación.
Desobediencia
El concepto de desobediencia, no obstante, no aparece como tal en el texto, como pretendía la CUP, pero no cabe duda de que está en el espíritu de la resolución pactada por ambas formaciones. «Hay que blindar los derechos fundamentales que puedan estar afectados por decisiones de las instituciones del Estado español», señala. ¿Desacatará el Gobierno autonómico futuras resoluciones del Constitucional? En Junts pel Sí fueron categóricos, señalaron que solo deben «obediencia al pueblo catalán» y dieron a entender que su proceder será como en el 9-N: a cada suspensión, responderán con nuevas iniciativas que sustituyan las anteriores. «Construir, construir, construir», expresó de manera gráfica, Marta Rovira, de Esquerra. «A quienes escuchamos y escucharemos es a la voluntad explícita mediante las urnas de los que fueron a votar el 27-S», subrayó el número uno de la candidatura, Raül Romeva; «obedeceremos al pueblo de Cataluña. A lo que la gente votó», apuntó Josep Rull (CDC), obviando que la mayoría de los catalanes (el 52%) votaron a formaciones que no suscriben el texto y rechazan la independencia.