Rajoy asegura que convertirá en papel mojado la hoja de ruta independentista
No se repitió la secuencia del 9 de noviembre de 2014, cuando los catalanes fueron llamados a votar en una especie de consulta soberanista y el ministro de Justicia compareció frente a un micrófono pegado con celo para tachar la convocatoria de «simulacro inútil y estéril». Una vez registrada ayer la propuesta de Junts pel Sí y la CUP para iniciar el proceso hacia una república independiente en Cataluña, el presidente del Gobierno decidió tomar las riendas y no esperar tres días para reaccionar como ocurrió el año pasado.
La cercanía de las elecciones no deja esta vez margen para los titubeos, de ahí que Mariano Rajoy necesitó solo dos horas para plantar cara a los secesionistas con la advertencia de que ante su «provocación» el Estado «no renunciará al uso de todos los mecanismos políticos y jurídicos en defensa de la soberanía del pueblo español».
Muy medido
Sus palabras redirigieron todos los focos hacia el artículo 155 de la Constitución, el mismo que permite, entre otras medidas, la suspensión de la autonomía para garantizar que Cataluña cumpla la ley. Pero la declaración del presidente estaba conscientemente medida para dejar vía libre a la imaginación sin desvelar hasta dónde prevé llegar por ahora el Gobierno para dejar «sin efecto» los desafíos rupturistas. «Todos los mecanismos son todos», repetían fuentes del Ejecutivo tras la intervención de Rajoy. Pero en su planteamiento «proporcional», una intervención tan extrema sólo se contempla como último recurso. «Es nuestra bala de plata», asegura un dirigente del PP, que descarta una suspensión del gobierno autonómico antes de las elecciones generales de diciembre. En el fondo, todo dependerá de lo lejos que decidan ir los independentistas, pero hay una serie de recursos previos que el Gobierno piensa agotar.