Las encuestas desbaratan la estrategia de Pedro Sánchez
Sánchez ayer, en el acto de arranque de campaña del PSOE
Cuando un partido empieza a diseñar su campaña electoral dibuja escenarios posibles, toma los resultados obtenidos en las contiendas más cercanas, disecciona cada provincia para determinar dónde merece la pena hacer un esfuerzo extraordinario y dónde es mejor desistir porque el coste del escaño está por encima de sus posibilidades. Eso hizo el PSOE en julio del año pasado, tras los comicios autonómicos y municipales. Pero las encuestas han tirado por el suelo la mayoría de sus pronósticos.
El panorama que plantea el último CIS, a menos de veinte días de los comicios, se aleja tanto de las cifras que manejaba el núcleo duro de Pedro Sánchez hasta hace unos días y, sobre todo, hace tanto daño al mensaje con el que pretendía machacar al electorado progresista en este primer tramo de su recorrido por las ciudades de España -el de que él es el voto útil para el cambio-, que el candidato socialista cuestionó su imparcialidad. «Tenemos que ganar a este Gobierno -dijo durante un acto en Tomelloso- que ha manipulado todo, también las encuestas».
El mayor riesgo al que se enfrenta ahora el dirigente del PSOE es el de que los suyos bajen los brazos. A las elecciones municipales y autonómicas de mayo siguió una etapa de cierta euforia en la que el primer partido de la oposición prefirió ignorar los signos de alarma del calamitoso resultado en las grandes ciudades y el retroceso de dos puntos respecto a la cita de 2011 para ensalzar la recuperación del poder institucional en siete comunidades autónomas gracias los pactos. Pero recuperar ese espíritu parece ahora difícil.