EL CRIMEN DE ISABEL CARRASCO Las otras lecturas EL CRIMEN DE ISABEL CARRASCo El primer interrogatorio

«Volvería a repetirlo; la vida de mi hija dependía de ello»

Montserrat González confiesa de nuevo el crimen pero no muestra ningún atisbo de arrepentimiento. «Si Javier García-Prieto hubiera repetido como presidente, hoy no estaríamos en la Audiencia ninguno» . Triana Martínez rompió a llorar en el momento en que su madre se sentó en el banquillo de los acusados.

Cuatro momentos de la declaración de Montserrat, entre la seguridad y el llanto.

León

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«No me arrepiento, si no la mato yo la que hubiera muerto es mi hija». Montserrat González, la asesina confesa de Isabel Carrasco, no mostró ayer el más mínimo signo de arrepentimiento por el crimen. «Lo decidí en el verano de 2012, cuando en el congreso del PP decidieron que siguiera ella de presidenta. Si hubieran dejado a Javier García-Prieto, hoy no estaríamos ninguno en la Audiencia».

Dos horas de interrogatorio atestiguaron ayer que la inquina que alegó como justificación para poner fin a la vida de la presidenta no parece figurada. Lo que pudiera parecer una interpretación interesada en una lectura simplista, terminó convenciendo a buena parte del público que llenaba a reventar la sala. La rabia en la que pronunció en varias ocasiones «la Carrasco» .

La dicción elegante y la voz suave de la imputada fue desgranando las respuestas a las preguntas del interrogatorio, teledirigido por el mismo letrado que logró la absolución de algunos de los principales imputados en el caso Arny en Sevilla y que se propone ahora dejar en ocho años y medio la condena para su clienta, acusada de asesinato y a la que las acusaciones quieren encarcelar por 23 años.

Tenía que hacerlo

«O la mataba yo o la que se me iba a morir iba a ser mi hija. Se reunieron en Astorga Silván, Riesco, Morano y Majo para poner a Javier de presidente. Fueron a Madrid a pedirle a Rajoy que quitara a Carrasco y les dijo que no. Ese día supe que tenía que hacerlo», explicó. Triana Martínez rompió a llorar al ver a su madre sentarse en el banquillo de los acusados. Dos veces más se secó las lágrimas. Y en otra ocasión tomó un bolígrafo rojo con furia y garabateó notas que dejó registradas en un libro. Fue cuando escuchó parte del medio centenar de preguntas que planteó el Ministerio Fiscal y que su madre se negó a responder, acogiéndose al derecho que le asiste.

Para cometer el crimen compró una pistola. «Me costó 2.000 euros. Yo vendía la Thermomix y saqué dinero suficiente para comprar el arma sin tener que pedir a mi marido. Triana anduvo buscando en el ordenador pero luego me dijo que no lo hiciera. Yo fui un día con una amiga a Gijón y contacté con Armando (el delincuente ahora fallecido que le vendió el revólver). Luego volví yo sola otra vez y le compré la pistola. Fue él quien me enseñó a disparar. Fuimos a un descampado a probar. No le dije a Triana que ya la había comprado porque tenía miedo de que se pegara un tiro. Cuando estábamos en Gijón, una amiga suya se tiró por la ventana por culpa de la depresión y dos hijos de policías se pegaron un tiro. Yo no quería que mi hija terminara igual», sollozó.

Varios encuentros

Hubo varios encuentros entre la víctima y la asesina «pero no llevaba el arma encima. La ví a la salida de La Alborada varias semanas antes. Si hubiera tenido la pistola la hubiera matado allí mismo. No necesitaba ni a Triana ni a Raquel. Ellas no tuvieron nada que ver».

«La llamada que le hice a Triana antes del crimen fue para decirle que se fuera al coche». Isabel Carrasco cruzaba a la altura de los ambulatorios. «Supe que ese iba a ser el día. Le dije: ‘Veo a la Carrasco y le voy a... y se va a... acabar». Mi hija me dijo que no hiciera nada, que ya venía ella». El asesinato fue muy rápido. «Ya no sé ni dónde le dí. Dejé que entrara tanto en la pasarela porque de frente venía un matrimonio». Eran el policía jubilado y su esposa, que luego resultarían decisivos para la resolución.

«Tiré el bolso en un garaje. No me iba a identificar nadie porque dentro no había nada mío».Ya detenida, confesó «porque me engañaron. Tenían mucho interés en que les dijera dónde estaba el arma. Nos hicieron creer que estábamos solas pero en realidad estaban escuchando cuando Triana me dijo lo del arma. Pidieron que dijéramos que nos habíamos encontrado en el pasadizo y yo me fie de ellos».

«Al mes de entrar Triana en la Diputación llegó la Carrasco y ya le advirtieron que era mala. Pero mi hija estaba a gusto».

El beso

«Todo cambió el día que quiso besarla y no se dejó. Nos había arreglado un problema con Hacienda, que nos reclamaba 1.000 euros por un problema con el coche. Ella se lo solucionó. Pero desde que la rechazó, todo fueron inspecciones y multas. Ya nunca más volvió a llamar a mi hija a altas horas de la noche». «Cuando Triana le ganó el primer pleito por los 12.000 euros que le reclamaban como cobrados indebidamente, los chillidos se oyeron por todo el Palacio de los Guzmanes. Le habían propmetido la plaza de directora de telecomunicaciones de la Junta. Nombraron a todos los directores generales menos al de Teleco y cuando lo hicieron, se la dieron a un enchufado», aseguró.

Machacada

«A quién veían hablando con ella lo machacaban», trató de afirmar antes de que las lágrimas interrumpieran su relato. También había llorado amargamente su hija al verla sentada por primera vez en el banquillo de los acusados. El magistrado presidente le concedió permiso para no declarar de pie.

Rememoró el episodio en el que Triana, declarada no apta para la oposición a su puesto en la Diputación, se presentó en la prueba final que habitualmente se convierte en un trámite y grabó con un video cómo se producía una salida presuntamente irregular de los miembros del tribunal junto al elegido a la postre para ocupar el puesto. «Era un enchufado de ella que venía de Burgos». Se fueron a buscar unos papeles y volvieron a la media hora. Eso ella lo tiene grabado».

Impagos

«Facturas de mediados de maroz de 2011 no se pagaron hasta casi el final de 2012 cuando los organismos que tenían que pagar a Triana dependían de Carrasco. Los funcionarios reconocían que no se había hecho una cosa igual con nadie en la vida».

«Por eso estaba tan decidida a matarla», explicó. «No había solución, no había ninguna salida. Era imposible. La primera vez que le expliqué a Triana lo que iba a hacer no dio nada, pero luego intentó convencerme de que no lo hiciera. La balas que aparecieron en casa no tienen nada que ver, son de cuando yo ni siquiera conocía a Carrasco», explicó en torno al abundante cargamento de munición hallado en su domicilio.

Costumbres

«No tenía ni dea de que los lunes iba al PP por costumbre. Si hubiese sabido eso, habría ido a matarla cualquier otro lunes anterior, no habría tenido que esperar tanto», argumentó.

«No he vendido marihuana en mi vida. ¡Es lo que me faltaba!», protestó cuando su letrado introdujo a colación el asunto de la plantación de droga por el que madre e hija fueron condenadas a año y medio de prisión. Aún reconociendo que el tema no tenía nada que ver con esta causa (forma parte de una pieza separada), el letrado aireó disensiones con el fiscal: «Le ofrecimos un acuerdo de conformidad para que no hubiera que celebrar otro juicio y se negó», aludió el letrado para incidir en la actitud del Ministerio Público, al que se reprocha desde esa parte una cierta falta de diálogo.

«Me he llevado las manos a la cabeza cuando he visto lo de que teníamos una plantación de marihuana. es una cosa que, que... vamos... Empecé a fumar porque una amiga me dijo que era bueno para los dolores de espalda que yo tenía, pero nada más».

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Terminó exhausta la sesión, quizá más víctima de los nervios que del cansancio en sí. Se recostó en el sillón en el que desde hoy seguirá de nuevo el juicio consciente de que aún tiene que volver a tomar la palabra paa cerrar el juicio, en el último turno. De aquí a entonces queda casi un mes y muchas cosas por escuchar.