El Gobierno se impone superar el episodio de la marcha de Soria
Para Montoro «nadie que haya operado desde paraísos fiscales puede estar en el Gobierno».
La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. ÁNGEL DÍAZ
nuria vega | madrid
Pasar página y rápido. Ese fue el objetivo que ayer se impuso el Gobierno tras un Consejo de Ministros al que le sobra ya una silla. Una hora antes de que el Gabinete de Mariano Rajoy se reuniera en La Moncloa, José Manuel Soria cedió tras conversar con el presidente. Abandona el Ministerio de Industria, pero también su escaño en el Congreso y el liderazgo del PP canario. En cinco párrafos de comunicado su actividad política se redujo a la nada en aras de mostrar una «ejemplaridad» que el partido y su líder necesitan como agua. Y el Ejecutivo quiso zanjar de inmediato la crisis abierta por uno de los colaboradores más cercanos a Rajoy.
La vicepresidenta compareció como cada viernes en el edificio Portavoz de La Moncloa. Pese a que el Gobierno acababa de sufrir una baja, que sólo podía ser cubierta por uno de los ministros en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría evitó cualquier referencia a la marcha de Soria. La normalidad de la rueda de prensa sólo se vio trastocada en el turno de preguntas, y la número dos del presidente se afanó en agradecer los servicios prestados y dejar claro que si su compañero de filas se va obedece a «cuestiones personales» y no a irregularidades en su gestión de la anterior legislatura. En definitiva, que si el titular de Industria administraba o no en el pasado empresas en paraísos fiscales eso nada tiene que ver con Rajoy y su Gobierno.
«Ha cumplido como ministro, ha sido un buen compañero de Gabinete y ha hecho un ejercicio de responsabilidad que le honra, que es asumir esa dimisión desde el punto de vista personal para no perjudicar a su Gobierno y su presidente», valoró Sáenz de Santamaría. A su lado, el ministro de Hacienda le pedía al oído responder a una de las preguntas dirigidas a ella y aportaba la contundencia al discurso oficial: «Nadie que haya operado desde paraísos fiscales puede estar en el Gobierno». Tampoco si hay «indicios legítimos de sospecha», añadía. La vicepresidenta suscribió, «como no podía ser de otra manera». En el aire quedó si la Agencia Tributaria iniciará una investigación, aunque este organismo, aclaró Montoro, siempre actúa «de oficio».
La renuncia hizo recuperar el pulso al PP, desconcertado y molesto desde que el día anterior saltó a la luz que, en 2002, siendo alcalde de Las Palmas, Soria figuraba como administrador de una sociedad en la isla británica de Jersey. «¿Nos ha mentido?», se preguntaban en la formación. «Al menos no fue sincero», concluían fuentes gubernamentales.
Las explicaciones obtusas y contradictorias del ministro, que según los populares se «enredó» a lo largo de la semana al intentar defenderse por su aparición en los papeles de Panamá, llevaron al partido a presionar para que el paso atrás, «inevitable», se produjera cuanto antes. Así que en el PP ayer hubo unanimidad al calificar de «acertada» la dimisión. «Quizás un día tarde, pero adecuada», insistían. El vicesecretario de Acción Sectorial, Javier Maroto, combativo en la lucha por la limpieza en la formación, se declaró «profundamente satisfecho cuando una vez perdido el crédito de los suyos Soria decide apartarse». «En esta ocasión han ganado la contundencia, la rapidez y la credibilidad», celebró. También el portavoz parlamentario, Rafael Hernando, acogió como «lógica» la resolución por la falta de explicaciones «convincentes».
En el PP se confía ahora en que la reacción compense, al menos, la acumulación de escándalos que golpean al partido.