Diario de León

La Justicia considera víctima de terrorismo a guardias civiles ilesos en atentados

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M. Balín | data

La noche del 21 de noviembre de 2000 ETA asesinó en Barcelona de dos disparos en la cabeza al ex ministro socialista Ernest Lluch, un profesor y político de 63 años muy comprometido con la lucha de las libertades. Su muerte causó una gran conmoción nacional por su reconocido activismo. Pero ese día la banda terrorista dejó su marca en otros dos atentados en País Vasco y Cataluña, en los que, por suerte, no hubo víctimas mortales.

El ataque más madrugador tuvo lugar en la Comandancia de la Guardia Civil de Irún, en Guipúzcoa. Poco después un coche bomba estalló en un descampado de Hospitalet de Llobregat.

El primer atentado se produjo pasadas las 9:00 de la mañana. Dos granadas impactaron en la casa cuartel de Irún, causando heridas a un agente. Pero la matanza pudo haber llegado si otro de los proyectiles, que cayó en el patio de un colegio colindante donde un grupo de unos 30 niños hacía gimnasia, hubiera explotado. Las granadas estaban en el interior de sendos tubos, colocados en la baca de un vehículo que estaba estacionado a unos doscientos metros del cuartel. Horas después, los artificieros lograron estallar una bomba trampa de cinco kilos colocada en el interior del coche. Aquel atentado fue vivido en primera persona por el guardia civil que ha ganado ahora al Ministerio del Interior en los tribunales; el agente al que la Audiencia Nacional acaba de reconocer su condición de víctima del terrorismo.

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