EL CAMINO HACIA LAS NUEVAS ELECCIONES
Sánchez asume que necesitará a Ciudadanos y Podemos tras el 26-J
El líder del PSOE pide a su partido unión para llegar fuertes a la posible negociación postelectoral.
p. de las heras | madrid
Pedro Sánchez volverá a ser el candidato del PSOE en las próximas elecciones generales sin necesidad de consulta a la militancia, pero eso no significa que quienes hace dos días pretendían su defenestración se hayan convertido en sus aliados. Él lo sabe y el resto del partido también. De ahí que ayer dedicara el comité federal, que extraoficialmente dio el pistoletazo de salida a la campaña, para hacer un llamamiento elocuente. «En este momento trascendente, en esta encrucijada, durante los próximos meses y hasta el 26 de junio, lo que os quiero pedir es unidad y confianza en vuestro secretario general», reclamó consciente del lastre electoralque supone toda bronca interna.
Los socialistas no son especialmente optimistas respecto a sus opciones. Los datos que maneja la dirección indican, según fuentes próximas al líder del partido, que tienen muy difícil superar dentro de dos meses los 90 escaños logrados en diciembre. Su margen de mejora se movería en el entorno de los dos diputados y, aunque en la casilla de los ‘pros’ puedan confiar en que tampoco esta vez Podemos logrará quedar por delante, ese escenario le abocaría a un callejón de difícil salida.
Susana Díaz, principal referente del ala crítica, ya advirtió a su llegada a la reunión: «Si algo hemos aprendido en estos meses es que con 90 escaños, en un parlamento con mayoría de derechas, es imposible para un partido de izquierdas como el PSOE formar un gobierno». Es un mensaje con enorme carga de profundidad que vaticina un nuevo enfrentamiento a la vuelta del verano, cuando ya sin duda se celebrará el congreso federal postergado.
Que con 90 escaños es imposible gobernar era lo que, ya en diciembre, repetían una y otra vez pesos pesados y líderes territoriales de la formación, desde el asturiano Javier Fernández a Alfredo Pérez Rubalcaba o Felipe González. Su recomendación a Sánchez fue entonces ir «a la oposición». En cristiano: se llegó a plantear la posibilidad de permitir al PP formar un ejecutivo muy controlado que acometiera reformas pactadas en una legislatura de tan sólo dos años, pero la nueva avalancha de casos de corrupción relacionados con el partido de Mariano Rajoy acabó convenciendo a los ‘estadistas’ del partido de que tal cosa sería incomprensible para su público.
Ahora, algunos barones dejan ya caer que, si los resultados del 26 de junio son similares a los de hace cuatro meses, sí que estarían obligados a habilitar «soluciones excepcionales» para garantizar la estabilidad del país. Sin embargo, Sánchez lleva días advirtiendo de que su objetivo seguirá siendo impedir a toda costa un ejecutivo popular. Y, según fuentes presentes en la reunión, a puerta cerrada, advirtió ayer de que el mismo día 27 volverá a pedir el aval del partido para tratar de unir a «las fuerzas del cambio», es decir, a Ciudadanos y Podemos, contra el «inmovilismo» de Rajoy.
El discurso público, por supuesto, es el de que él sale a ganar. Pero a estas alturas todo el partido da tal cosa por prácticamente imposible. Existe, de hecho, un extendido temor a que, como consecuencia del hartazgo de los ciudadanos tras estos meses de negociaciones infructuosas, y dadas las fechas electorales (el 26 de junio los niños están de vacaciones y se celebra San Juan), aumente la abstención entre sus potenciales votantes. Algo que podría reforzar al PP. «La inestabilidad y la incertidumbre son agentes movilizadores del conservadurismo», dice un mando territorial.