qué queda del 15-m

Aquel mayo que floreció en la plaza

Activistas del 15-M y políticos leoneses valoran aquella movilización como un revulsivo en la vida política y social sin el que no se entendería el pluralismo actual, sin faltar quien vea mucho ruido y pocas nueces.

RAMIRO

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León

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ana gaitero | león

Cambio, empoderamiento, apoyo mutuo, dignidad, despertar, horizontalidad, encuentro, acción directa... e incluso amor. Son algunas de las palabras que florecieron el 15-M. Un domingo de mayo en el que, sin saber muy bien qué iba a pasar, la gente se reunió en los puntos acordados, plaza de Guzmán en León, y alzó la voz.

«No hay pan para tanto chorizo», «No somos mercancía en manos de políticos y banqueros», «Nuestros ideales no caben en vuestras urnas»... Y, sobre todo, «Democracia real, Ya» fueron algunos de los gritos lanzados en el breve pero intenso recorrido desde el Paseo de la Condesa a la plaza de Botines. Desterradas las siglas de los partidos, la gente echó mano de la imaginación y portaba pancantas caseras con mensajes propios: «Listas abiertas, ya», «No somos vagos, estamos en el paro», «Me sobra mucho mes para tan poco sueldo»... Mayo florecía en las plazas cuando apenas faltaba una semana para las elecciones municipales.

El 15-M cumple un lustro con el Gobierno en el aire y ante unas nuevas elecciones generales con la vista puesta en el 26 de junio. Con luces para una gente y sombras para otra, aquel día de mayo de 2011 supuso un antes y un después en la vida social y política de España. No tanto en la económica: «Seguimos igual o peor», apuntan.

Hubo a quien le cambió la vida. También en León. «Supuso que nos dejáramos de quejar en los bares, salir del aburrimiento y de la indiferencia», señala Ángela Bernardo, una de las jóvenes universitarias leonesas que animó la convocatoria en la capital.

El 15-M cogió al país con el pie cambiado. Ni siquiera las personas que participaron en la convocatoria esperaban la respuesta que tuvo, no ya en las grandes ciudades como Madrid y Barcelona, sino en otras, como León, casi inamovibles. «Fue algo bastante improvisado», recuerda. Cinco años después, Ángela Bernardo forma parte de la diáspora de la juventud leonesa que ha emigrado en busca de trabajo.

En 2011 cursaba su último año de carrera en el campus de Vegazana. A través de unos compañeros se enteró de la movilización. Había un movimiento llamado Juventud Indignada. «Éramos pesimistas, pensábamos que iríamos cuatro con nuestras familias y sin embargo superó ampliamente las expectativas. Fue muy emotivo», añade.

La voz se corrió a través de las redes sociales, unas herramientas nuevas que formaron parte del núcleo del 15-M y han crecido a su costa. Todo se escapaba de las manos del poder establecido, anclado en el bipartidismo que PSOE, en aquel momento en el Gobierno, y PP protagonizaban. Desde que el 15-M arribó, los programas de política se pusieron en prime time y el cotilleo flaqueó.

«Fue un hito y un punto de inflexión en la historia del país. No se puede entender la situación política de hoy sin el 15-M», afirma Pablo Fernández, leonés de Podemos Castilla y León y procurador en las Cortes.

Vivió el 15-M en la Puerta del Sol de Madrid, que irradiaba a todas las plazas de España. «Estaba en paro y me acerqué a ver lo que pasaba», comenta este político de nueva generación. Emoción es la palabra que le viene de aquellos días: «Todavía hoy se me pone la carne de gallina de ver lo que estaba pasando. Fue espectacular», admite. El lema de «no nos representan» fue una «explosión del hartazgo» ciudadano. Quince días después regresó a León y se puso al frente de un quiosco de prensa que ha tenido hasta que dio el salto a la política.

Fernández comenta que «nadie puede capitalizar el 15-M, ni siquiera Podemos, que no es un partido al uso y surge de ahí». Defiende que fue y es un movimiento «ajeno a cualquier tipo de partido» aunque Pablo Iglesias y Alberto Garzón hayan sellado su pacto electoral para el 26-J con una imagen en la Puerta del Sol.

El 15-M pasó de ser una fecha a un legado que hoy se arrogan dos partidos políticos —Izquierda Unida y Podemos— mientras otros sectores reclaman una germinación enraizada en «un cambio de conciencia» y en el «empoderamiento de las personas», apunta un joven de Astorga. Por aquellos días, Javier Galán acababa de finalizar sus prácticas en Televisión de León. Caminaba por la ciudad desilusionado por no poder continuar y se topó con la plaza de Botines tomada por las tiendas de campaña. Decidió que allí tenía una labor que cumplir.

Cinco años después tiene uno de los archivos gráficos más nutridos del 15-M en León. La plaza fue el lugar físico y la conciencia el espacio personal de cambio. «Tomar decisiones en asambleas, implicar al colectivo en buscar soluciones presionando a las instituciones para que legislen a favor del pueblo» fue la gran lección que aprendió.

Personalmente, lo vivió como un aldabonazo en su vida. «Me di cuenta de que no se trataba solo de protestar. Para defender mis ideales tenía que ser coherente y llevar todo ese discurso a mi modo de vida», explica. Escogió el medio ambiente y las consecuencias de la agroindustria sobre él.

El movimiento de indignados eclosionó con la crisis y el clima de corrupción que minaba la supervivencia material y la moral de la población. La gente tomó las plazas. De las palabras se pasó a la acción. Primero fue la acampada en Sol, en Madrid, plaza de Catalunya, en Barcelona...

Las plazas se cubrieron de iglús y los círculos se convirtieron en la práctica de la asamblea permanente. En León, la acampada comenzó el 18 de mayo a raíz de las protestas por los intentos de desalojar a los indignados en Barcelona. Empezaron a florecer huertos y solidaridad encima del asfalto.

«La gente nos llevaba comida y había quien decía: Yo soy de derechas pero tenéis razón y os apoyo», comenta Ángela Bernardo que combinó la acción con los últimos exámenes de su carrera como biotecnóloga. «Nos llevábamos los apuntes para estudiar», recuerda.

Y los llamaron perroflautas con ánimo despectivo tanto hacia la gente de las plazas como como a transeúntes que vagan por las calles con sus perros. «Es un término clasista, pero si te la apropias la dignificas. A mí me encanta», comenta Elisa Rapado. Es lo que hicieron los ‘yayoflautas’, la gente más mayor del 15-M, para visibilizar su presencia y acciones.

En León, los activistas de épocas anteriores como Quinidio Martínez, uno de los protagonistas de la huelga de la construcción de los años 70 del siglo pasado, trasladaban su experiencia. Recuerdan con especial cariño a Albino, de la asociación Parkison León o a aquel hombre que en una enorme sombrilla blanca escribió las palabras trabajo y dignidad.

Todo se contagió del 15-M. «Incluso los partidos tradicionales hablan de transparencia, copiaron la tipografía para anuncios»... «En la plaza hubo mucho amor y hubo drogas ni alcohol», subraya Alipio Muñiz. Una prueba que superaron incluso los sin techo que se juntaron con los jóvenes universitarios en aquella movilización.

La música y las acciones performativas fueron otro de los elementos del activismo del 15-M. El 15-M de León hubiera sido lo mismo sin Cachunori y su tambor y todas las batucadas y caceroladas que se organizaron, sin la poesía en la plaza (luego nació el Ágora de la Poesía los últimos viernes de cada mes) y las lecciones que algunos profesores se prestaron a dar sobre el asfalto.

«Si hubiera que hacer autocrítica, yo diría que las acampadas se prolongaron demasiado», apunta Ángela Bernardo. Sin duda la solidaridad y la capacidad para autoorganizarse brillaron aunque no faltaron las quejas del entorno. «El día que le hicimos un homenaje al entrenador del Ademar nos era imposible escuchar nada», comenta José Luis como anécdota.

Una mujer que ve a los activistas posando para las fotos del quinto aniversario se acerca como si temiera que volvieran a poner las tiendas de campaña. «A mí todo esto me parece muy bien, pero hay que gestionar bien el país», comenta. Le invitan a participar el domingo (hoy) en la asamblea organizada para celebrar el quinto aniversario.

«Aprendí a cultivar la paciencia y practicar la resolución pacífica de conflictos», indica Muñiz. Richi Valderrama subraya también la vena «feminista» del movimiento, pese a que en alguna ocasión los grupos oficiales de feminismo fueron críticos con el 15-M. «La revolución será feminista o no será», decía el cartel que colgaron en la Puerta del Sol.

Las mujeres son las protagonistas en colectivos como la PAH. «Acaban convenciendo al hombre que está educado para el éxito y no para el fracaso. Ellas dicen: Hay que arreglarlo como sea», recalca Valderrama. Las asambleas fueron un entrenamiento político y sirvieron «para estructurar y apoyar a la plataforma de afectados por la hipoteca y las mareas ciudadanas», alegan. Tino Rodríguez, secretario provincial del PSOE, trabajaba como asesor en el Ministerio de Fomento. Valora el 15-M como una «expresión sólida» ante una situación que, lamenta, «no es muy diferente de la hace cinco años».

Considera que la clase política, incluidos los partidos que se reclaman herederos del 15-M, «no están a su altura, no hemos sabido responder y llevamos cinco años encorsetados en las mismas dinámicas de poder, en parte porque ha habido un gobierno de derechas», añade. En su opinión, la falta de frutos «es frustrante para la ciudadanía».

Victoria Rodríguez, concejala de León en Común, pasó el 15-M en el hospital con su madre. En poco tiempo perdería también a su padre. En Valencia, donde trabajaba, vivió de cerca la creación de la asamblea del barrio El Cabañal, crítica con el Mundial de Fórmula 1. De regreso a León, se involucró en el Ateneo Varillas y en las marchas de la Dignidad de hace dos años.

Después del 15-M, comenta, «hay más conciencia ciudadana», pero cree que «sin movimiento social en la calle» no hay esperanza de cambio. «Hay más de 3 millones de pobres que eran clase media» y «tendrían que cambiar muchas cosas a escala internacional».

El 15-M «no ha supuesto ninguna transformación», afirma el presidente provincial del PP. Eduardo Fernández recuerda que lo vivió «con interés» pero está firmemente convencido de que «se ha mitificado». Cree que con protestas como Rodea al Congreso se ha tratado de «deslegitimar al contrario dando carta de más calidad democrática a una forma de movilizarse» y «no lo comparto».

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«Vamos despacio, porque vamos lejos», reflexiona Valderrama. El 15-M florecieron pequeños cambios en las plazas. Algunos están mustios. Otros se han trasplantado. Javier Galán pone el ejemplo de la Asamblea Ciudadana de Astorga: «Hemos replicado la movilización en un sitio poco propicio con la movilización por el CTR, la asamblea y un huerto social».